{"id":901432,"date":"2026-08-28T18:48:51","date_gmt":"2026-08-28T16:48:51","guid":{"rendered":"https:\/\/grundlinien.de\/?p=901432"},"modified":"2026-09-19T13:23:17","modified_gmt":"2026-09-19T11:23:17","slug":"140","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grundlinien.de\/es\/140\/","title":{"rendered":"140"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">En la medida en que la autoconciencia sabe extraer, de su fin, un lado <em>positivo<\/em> (<a href=\"https:\/\/grundlinien.de\/es\/135\/\">\u00a7 135<\/a>) \u2014que necesariamente tiene, porque pertenece al prop\u00f3sito del actuar concreto y efectivo\u2014, es capaz, en virtud de tal lado, en cuanto <em>deber<\/em> e <em>intenci\u00f3n excelente<\/em>, de sostener como buena, <em>ante otros<\/em> y <em>ante s\u00ed misma<\/em>, una acci\u00f3n cuyo contenido esencial <em>negativo<\/em> est\u00e1 a la vez, en ella misma, en cuanto reflejada en s\u00ed y, por tanto, consciente de lo universal de la voluntad, en comparaci\u00f3n con este; \u2014 <em>ante otros<\/em><sup data-fn=\"cec61007-96ce-490a-9519-2bb7f620051a\" class=\"fn\"><a href=\"#cec61007-96ce-490a-9519-2bb7f620051a\" id=\"cec61007-96ce-490a-9519-2bb7f620051a-link\">1<\/a><\/sup>, es la <em>hipocres\u00eda<\/em>; <em>ante s\u00ed misma<\/em>, es la cima todav\u00eda superior de la subjetividad que se afirma como <em>lo absoluto<\/em>.<\/p><blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p class=\"wp-block-paragraph\">Esta \u00faltima y m\u00e1s abstrusa forma del mal, por la cual el mal se convierte en bien y el bien en mal, en la que la conciencia se sabe a s\u00ed misma como este poder y por ello se sabe como absoluta, es la cima m\u00e1s alta de la subjetividad en el punto de vista moral, la forma a la que el mal ha llegado en nuestro tiempo, y precisamente por medio de la filosof\u00eda, es decir, de una superficialidad del pensamiento que ha desplazado un concepto profundo a esta figura y que se arroga el nombre de filosof\u00eda, del mismo modo que arroga al mal el nombre del bien. Quiero indicar brevemente en esta Observaci\u00f3n las figuras principales de esta subjetividad que se han vuelto usuales. En cuanto a) <em>a la hipocres\u00eda<\/em> respecta, contiene los siguientes momentos: \u03b1) el saber de lo universal verdadero, sea en la forma solo del sentimiento del <em>derecho<\/em> y del <em>deber<\/em>, sea en la forma de un conocimiento y una intelecci\u00f3n m\u00e1s desarrollados de ello; \u03b2) el querer de lo <em>particular<\/em> que resiste a este universal, y en efecto \u03b3) como saber <em>comparativo<\/em> de ambos momentos, de modo que para la conciencia que quiere misma su querer particular est\u00e1 determinado como malo. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0138\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|138|<\/span> Estas determinaciones expresan el <em>obrar con mala conciencia<\/em>, todav\u00eda no la hipocres\u00eda como tal. \u2014 Ha sido en un tiempo una pregunta que se volvi\u00f3 muy importante, <em>si una acci\u00f3n es mala solo en la medida en que ha ocurrido con mala conciencia<\/em>, es decir, con la conciencia <em>desarrollada<\/em> de los momentos que se acaban de indicar. \u2014 <em>Pascal<\/em> extrae muy bien (<em>Les Provinciales<\/em>, 4e lettre) la consecuencia de la afirmaci\u00f3n de esta pregunta: \u00abIls seront tous damn\u00e9s ces demi-p\u00e9cheurs, qui ont quelque amour pour la vertu. Mais pour ces francs p\u00e9cheurs, p\u00e9cheurs endurcis, p\u00e9cheurs sans m\u00e9lange, pleins et achev\u00e9s, l&#8217;enfer ne les tient pas: ils ont tromp\u00e9 le diable \u00e0 force de s&#8217;y abandonner.\u00bb<sup data-fn=\"63ab3230-e901-4642-a506-e205061936e1\" class=\"fn\"><a href=\"#63ab3230-e901-4642-a506-e205061936e1\" id=\"63ab3230-e901-4642-a506-e205061936e1-link\">2<\/a><\/sup><sup data-fn=\"ccc9968f-19f6-40b8-9982-397c7ec99a93\" class=\"fn\"><a href=\"#ccc9968f-19f6-40b8-9982-397c7ec99a93\" id=\"ccc9968f-19f6-40b8-9982-397c7ec99a93-link\">3<\/a><\/sup> \u2014 El derecho subjetivo de la autoconciencia, de que <em>sepa<\/em> la acci\u00f3n bajo la determinaci\u00f3n de c\u00f3mo es, en y para s\u00ed, buena o mala, no ha de pensarse en colisi\u00f3n con el derecho absoluto de la <em>objetividad<\/em> de esta determinaci\u00f3n, de modo que ambas se representen como <em>separables, indiferentes y contingentes<\/em> la una frente a la otra \u2014 relaci\u00f3n en la que se fundaron especialmente tambi\u00e9n las antiguas cuestiones sobre la <em>gracia eficaz<\/em><sup data-fn=\"6da66cb8-d85c-4100-8dfc-92db5442001b\" class=\"fn\"><a href=\"#6da66cb8-d85c-4100-8dfc-92db5442001b\" id=\"6da66cb8-d85c-4100-8dfc-92db5442001b-link\">4<\/a><\/sup>. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0139\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|139|<\/span> El mal es, seg\u00fan el lado formal, lo m\u00e1s propio del individuo, en cuanto es precisamente su subjetividad que se pone sin m\u00e1s como propia suya, y con ello sin m\u00e1s su culpa (v\u00e9ase <a href=\"https:\/\/grundlinien.de\/es\/139\/\">\u00a7 139<\/a> y la Observaci\u00f3n al \u00a7 precedente); y seg\u00fan el lado objetivo, el ser humano, <em>seg\u00fan su concepto<\/em>, es esp\u00edritu, algo racional en general, y tiene en s\u00ed sin m\u00e1s la determinaci\u00f3n de la universalidad que se sabe a s\u00ed misma. No se lo trata, por tanto, conforme al honor de su concepto, si se separa de \u00e9l el lado del bien, y con ello la determinaci\u00f3n de su acci\u00f3n mala como mala, y no se le imputa como mala. Cu\u00e1n determinada o en qu\u00e9 grado de claridad u oscuridad se haya desarrollado hasta un <em>conocer<\/em> la conciencia de aquellos momentos en su diferenciaci\u00f3n, y en qu\u00e9 medida una acci\u00f3n mala se haya cometido con mayor o menor mala conciencia <em>formal<\/em>, esto es el lado m\u00e1s indiferente, que ata\u00f1e m\u00e1s a lo emp\u00edrico.\n\nb) Pero obrar mal y con mala conciencia no es todav\u00eda la <em>hipocres\u00eda<\/em>; en esta se a\u00f1ade la determinaci\u00f3n formal de la falsedad, la de sostener primeramente el <em>mal<\/em> <em>ante otros<\/em> como <em>bueno<\/em>, y presentarse en general exteriormente como bueno, concienzudo, piadoso y cosas semejantes, lo cual, de este modo, no es m\u00e1s que un artificio de enga\u00f1o <em>para con otros<\/em>. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0140\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|140|<\/span> Pero el malo puede adem\u00e1s, en sus otras buenas obras o piedad, en general en <em>buenas razones<\/em>, encontrar <em>para s\u00ed<\/em> mismo una justificaci\u00f3n para el mal, en cuanto por medio de ellas lo convierte para s\u00ed en bien. Esta posibilidad reside en la subjetividad, que, en cuanto negatividad abstracta, sabe todas las determinaciones sometidas a ella y procedentes de ella. A esta inversi\u00f3n pertenece c) en primer lugar, la figura conocida como <em>probabilismo<\/em>. Este hace principio de que una acci\u00f3n para la que la conciencia sabe procurarse <em>alg\u00fan<\/em> buen motivo \u2014 aunque sea solo la <em>autoridad<\/em> de un te\u00f3logo, y aun sabiendo que otros te\u00f3logos difieren en gran medida de su juicio \u2014 est\u00e1 permitida, y que la conciencia puede estar segura al respecto. Incluso en esta representaci\u00f3n est\u00e1 todav\u00eda presente esta correcta conciencia, de que tal motivo y autoridad solo dan <em>probabilidad<\/em>, aunque esto baste para la seguridad de la conciencia; en ello se admite que un buen motivo es solo de tal naturaleza que, junto a \u00e9l, puede haber otros motivos al menos igual de buenos. Tambi\u00e9n se reconoce aqu\u00ed este rastro de objetividad, a saber, que ha de ser un <em>motivo<\/em> el que decida. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0141\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|141|<\/span> Pero, en cuanto la decisi\u00f3n sobre lo bueno o lo malo se hace depender de los muchos <em>buenos motivos<\/em>, entre los cuales se cuentan tambi\u00e9n aquellas autoridades, y estos motivos son tan numerosos y contrapuestos, en ello reside a la vez esto: que <em>no<\/em> es esta objetividad de la cosa, sino la <em>subjetividad<\/em>, la que ha de decidir \u2014 el lado por el cual el capricho y el arbitrio sobre lo bueno y lo malo se convierten en lo decisivo, y por el cual la eticidad, as\u00ed como la religiosidad, quedan minadas. Pero que sea la propia subjetividad aquella en la que cae la decisi\u00f3n, esto todav\u00eda no est\u00e1 enunciado como el principio; antes bien, como se ha observado, se da un motivo por lo decisivo; el probabilismo es, hasta aqu\u00ed, todav\u00eda una figura de la hipocres\u00eda.\n\nd) El siguiente grado m\u00e1s alto es que la buena voluntad deba consistir <em>en que quiera el bien<\/em>; este querer del <em>bien abstracto<\/em> debe bastar, y ser incluso el \u00fanico requisito, para que la acci\u00f3n sea buena. En cuanto la acci\u00f3n, como querer <em>determinado<\/em>, tiene un contenido, mientras que el <em>bien abstracto<\/em> no determina nada, queda reservado a la subjetividad particular darle su determinaci\u00f3n y cumplimiento. As\u00ed como en el probabilismo, para quien no es \u00e9l mismo un docto <em>R\u00e9v\u00e9rend P\u00e8re<\/em>, es la autoridad de tal te\u00f3logo aquella sobre la cual<sup data-fn=\"5df39791-b389-4620-b5fb-5dc9529603ca\" class=\"fn\"><a href=\"#5df39791-b389-4620-b5fb-5dc9529603ca\" id=\"5df39791-b389-4620-b5fb-5dc9529603ca-link\">5<\/a><\/sup> puede hacerse la subsunci\u00f3n de un contenido determinado bajo la determinaci\u00f3n universal del <em>bien<\/em>, as\u00ed tambi\u00e9n aqu\u00ed cada sujeto est\u00e1 investido inmediatamente de esta dignidad, la de poner el contenido en el bien abstracto o, lo que es lo mismo, subsumir un contenido bajo un universal. Este contenido es, en la acci\u00f3n en cuanto concreta, en general un lado, de los cuales tiene varios, lados que tal vez incluso puedan darle el predicado de criminal y mala. Pero aquella mi determinaci\u00f3n subjetiva del bien es el bien <em>sabido<\/em> por m\u00ed en la acci\u00f3n, <em>la buena intenci\u00f3n<\/em> (<a href=\"https:\/\/grundlinien.de\/es\/114\/\">\u00a7 114<\/a>). Entra aqu\u00ed, pues, una oposici\u00f3n de determinaciones, seg\u00fan una de las cuales la acci\u00f3n es buena, pero seg\u00fan otras es criminal. Con ello parece entrar tambi\u00e9n, en la acci\u00f3n efectiva, la pregunta de si la <em>intenci\u00f3n es realmente buena<\/em>. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0142\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|142|<\/span> Pero que el bien sea <em>intenci\u00f3n efectiva<\/em>, esto no solo puede ser el caso en general, sino que, en el punto de vista en que el sujeto tiene el bien abstracto por fundamento de determinaci\u00f3n, debe incluso poder ser siempre el caso. Lo que se lesiona de la buena intenci\u00f3n por medio de una acci\u00f3n que, seg\u00fan otros lados, se determina como criminal y mala, es ciertamente tambi\u00e9n bueno, y parecer\u00eda depender de cu\u00e1l de estos lados fuera el <em>m\u00e1s esencial<\/em>. Pero esta pregunta objetiva desaparece aqu\u00ed, o m\u00e1s bien es la subjetividad de la conciencia misma cuya decisi\u00f3n constituye \u00fanicamente lo objetivo. <em>Esencial y bueno<\/em> son, por lo dem\u00e1s, sin\u00f3nimos; aquello es una abstracci\u00f3n igual que esto; bueno es lo que, respecto de la voluntad, es esencial, y lo esencial, en este respecto, debe ser precisamente esto: que una acci\u00f3n est\u00e9 determinada para m\u00ed como buena. Pero la subsunci\u00f3n de cualquier contenido bajo el bien resulta por s\u00ed misma, inmediatamente, de que este bien abstracto, como no tiene contenido alguno, se reduce por completo \u00fanicamente a significar en general algo <em>positivo<\/em> \u2014 algo que vale en alg\u00fan respecto y que, seg\u00fan su determinaci\u00f3n inmediata, tambi\u00e9n puede valer como un fin esencial, por ejemplo, hacer el bien a los pobres, cuidar de m\u00ed, de mi vida, de mi familia, etc. Adem\u00e1s, as\u00ed como el bien es lo abstracto, as\u00ed tambi\u00e9n lo malo es lo carente de contenido, que recibe su determinaci\u00f3n de mi subjetividad; y de este lado resulta tambi\u00e9n el fin moral de odiar y extirpar lo malo indeterminado. \u2014 El robo, la cobard\u00eda, el asesinato, etc., tienen, en cuanto acciones, es decir, en general en cuanto llevadas a cabo por una voluntad subjetiva, inmediatamente la determinaci\u00f3n de ser la <em>satisfacci\u00f3n<\/em> de tal voluntad, y con ello algo <em>positivo<\/em>, y para hacer buena la acci\u00f3n solo importa saber este lado positivo como mi <em>intenci\u00f3n<\/em> en ella, y este lado es, para la determinaci\u00f3n de que la acci\u00f3n es buena, el <em>esencial<\/em>, precisamente porque yo lo s\u00e9 como el bien en mi intenci\u00f3n. El robo para hacer el bien a los pobres, el robo, la huida de la batalla por deber de cuidar de su vida, de su familia (tal vez tambi\u00e9n pobre por ello), \u2014 el asesinato por odio y venganza, es decir, para satisfacer el sentimiento propio de su derecho, del derecho en general, y el sentimiento de la maldad del otro, de su injusticia contra m\u00ed o contra otros, contra el mundo o el <em>pueblo<\/em> en general, mediante el exterminio de este hombre malo, que tiene en s\u00ed lo malo mismo, con lo cual se aporta al menos una contribuci\u00f3n al fin de extirpar lo malo \u2014 quedan de este modo, por causa del lado positivo de su contenido, convertidos en buena intenci\u00f3n y con ello en buena acci\u00f3n. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0143\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|143|<\/span> Basta una <em>\u00ednfima<\/em> formaci\u00f3n del entendimiento para hallar, como aquellos doctos te\u00f3logos, un lado positivo en cada acci\u00f3n y con ello un buen motivo e intenci\u00f3n. As\u00ed se ha dicho que en realidad no hay ning\u00fan <em>malo<\/em>, pues este no quiere el mal por causa del mal, es decir, no lo <em>puramente negativo<\/em> como tal, sino que quiere siempre algo <em>positivo<\/em>, por tanto, desde este punto de vista, un bien. En este bien abstracto ha desaparecido la diferencia entre <em>bueno<\/em> y <em>malo<\/em>, y todos los deberes efectivos; por eso, el mero querer el bien y tener una buena intenci\u00f3n en una acci\u00f3n es m\u00e1s bien esto: lo malo, en la medida en que el bien se quiere solo en esta abstracci\u00f3n, y con ello su <em>determinaci\u00f3n<\/em> queda reservada al arbitrio del sujeto.\n\nEn este lugar pertenece tambi\u00e9n la tristemente c\u00e9lebre sentencia: <em>el fin santifica los medios<\/em>. \u2014 As\u00ed, por s\u00ed sola, esta expresi\u00f3n es en un primer momento trivial e insustancial. Se puede responder con la misma indeterminaci\u00f3n que un fin santo santifica ciertamente los medios, pero que un fin no santo no los santifica. Si el fin es justo, tambi\u00e9n lo son los medios \u2014 expresi\u00f3n, en esa medida, tautol\u00f3gica, puesto que el medio es precisamente aquello que no es nada por s\u00ed, sino por causa de otro, y que tiene en aquello, en el fin, su determinaci\u00f3n y su valor, \u2014 <em>si es que en verdad es un medio<\/em>. \u2014 Pero con aquella sentencia no se entiende el mero sentido formal, sino que se comprende bajo ella algo m\u00e1s determinado, a saber, que emplear como medio para un buen fin algo que en s\u00ed mismo no es en absoluto un medio, lesionar algo que en s\u00ed es sagrado, hacer as\u00ed de un crimen el medio de un buen fin, est\u00e1 permitido, e incluso puede ser deber. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0144\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|144|<\/span> En aquella sentencia flota, por un lado, la conciencia indeterminada de la dial\u00e9ctica del <em>positivo<\/em> se\u00f1alado antes en determinaciones jur\u00eddicas o \u00e9ticas aisladas, o de sentencias universales igualmente indeterminadas como: <em>no matar\u00e1s<\/em>, o: <em>debes cuidar de tu bienestar<\/em>, <em>cuidar del bienestar de tu familia<\/em>. Los tribunales, los guerreros, no solo tienen el derecho, sino el deber, de matar seres humanos, pero donde est\u00e1 <em>exactamente determinado<\/em> por qu\u00e9 cualidad de seres humanos y bajo qu\u00e9 circunstancias esto est\u00e1 permitido y es deber.<sup data-fn=\"20537106-6872-4d7b-9d53-d2c04c791b44\" class=\"fn\"><a href=\"#20537106-6872-4d7b-9d53-d2c04c791b44\" id=\"20537106-6872-4d7b-9d53-d2c04c791b44-link\">6<\/a><\/sup> As\u00ed tambi\u00e9n mi bienestar, el bienestar de mi familia, deben posponerse a fines m\u00e1s altos y, con ello, rebajarse a medios. Pero lo que se designa como crimen no es una universalidad dejada as\u00ed indeterminada, que estar\u00eda todav\u00eda sujeta a una dial\u00e9ctica, sino que tiene ya su delimitaci\u00f3n objetiva determinada. Lo que ahora se contrapone a tal determinaci\u00f3n, en el fin que deb\u00eda quitar al crimen su naturaleza, el fin santo, no es otra cosa que la <em>opini\u00f3n subjetiva<\/em> de lo que sea bueno y mejor. Es lo mismo que ocurre en que el querer se quede en el bien abstracto, a saber, que toda determinidad del bien y de lo malo, del derecho y de lo injusto, que es y vale en y para s\u00ed, quede suprimida, y esta determinaci\u00f3n se atribuya al sentimiento, la representaci\u00f3n y el capricho del individuo. \u2014 La <em>opini\u00f3n subjetiva<\/em> se enuncia, por fin, expresamente como la regla del derecho y del deber, en cuanto e) <em>la convicci\u00f3n<\/em>, <em>que tiene algo por justo<\/em>, debe ser aquello por lo cual se determine la naturaleza \u00e9tica de una acci\u00f3n. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0145\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|145|<\/span> El bien que se quiere no tiene todav\u00eda contenido alguno; el principio de la convicci\u00f3n contiene ahora esto m\u00e1s preciso: que la subsunci\u00f3n de una acci\u00f3n bajo la determinaci\u00f3n del bien corresponde al <em>sujeto<\/em>. Con ello ha desaparecido tambi\u00e9n por completo la apariencia de una objetividad \u00e9tica. Semejante doctrina est\u00e1 inmediatamente conectada con la ya mencionada varias veces filosof\u00eda que as\u00ed se llama a s\u00ed misma, la cual niega la cognoscibilidad de lo <em>verdadero<\/em><sup data-fn=\"6d1e1d4d-03e2-4e06-8d3c-334fe39d2ced\" class=\"fn\"><a href=\"#6d1e1d4d-03e2-4e06-8d3c-334fe39d2ced\" id=\"6d1e1d4d-03e2-4e06-8d3c-334fe39d2ced-link\">7<\/a><\/sup> \u2014 y lo verdadero del esp\u00edritu que quiere, su racionalidad en la medida en que se realiza, son los mandamientos \u00e9ticos. En cuanto tal filosofar declara el conocimiento de lo verdadero una vanidad vac\u00eda que sobrevuela el c\u00edrculo del conocer, que ser\u00eda solo lo aparente, tiene que hacer inmediatamente tambi\u00e9n de lo aparente, respecto del obrar, su principio, y poner as\u00ed lo \u00e9tico en la <em>particular<\/em> visi\u00f3n del mundo del individuo y en su <em>particular<\/em> convicci\u00f3n<sup data-fn=\"f3ad8142-df8a-47f1-b757-4fa4b20b4749\" class=\"fn\"><a href=\"#f3ad8142-df8a-47f1-b757-4fa4b20b4749\" id=\"f3ad8142-df8a-47f1-b757-4fa4b20b4749-link\">8<\/a><\/sup>. La degradaci\u00f3n a la que as\u00ed ha descendido la filosof\u00eda aparece ciertamente, en un primer momento, ante el mundo como un suceso enteramente indiferente, que solo le habr\u00eda ocurrido al ocioso parloteo escolar; pero necesariamente tal opini\u00f3n se forma hasta introducirse en la visi\u00f3n de lo \u00e9tico como en una parte esencial de la filosof\u00eda, y solo entonces aparece en la realidad y para ella lo que hay en aquellas opiniones. \u2014 Por la difusi\u00f3n de la opini\u00f3n de que es la convicci\u00f3n subjetiva aquello por lo cual se determina \u00fanicamente la naturaleza \u00e9tica de una acci\u00f3n, ha ocurrido que, si bien antes se hablaba mucho, hoy en d\u00eda se habla ya poco de <em>hipocres\u00eda<\/em>; pues la calificaci\u00f3n del mal como hipocres\u00eda tiene como fundamento que ciertas acciones son <em>en y para s\u00ed<\/em> delitos, vicios y cr\u00edmenes, que quien las comete las conoce necesariamente como tales, en la medida en que conoce y reconoce los principios y las acciones exteriores de la piedad y de la rectitud precisamente en la apariencia que abusa de ellos. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0146\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|146|<\/span> O bien, respecto del mal en general, val\u00eda el presupuesto de que era deber conocer el bien y saber distinguirlo del mal. Pero, en todo caso, val\u00eda la exigencia absoluta de que el ser humano no cometiera acciones viciosas y criminales, y de que estas, en la medida en que es un ser humano y no un animal, hubieran de imput\u00e1rsele como tales. Pero si el buen coraz\u00f3n, la buena intenci\u00f3n y la convicci\u00f3n subjetiva se declaran aquello que da a las acciones su valor, entonces ya no hay hipocres\u00eda ni, en general, mal alguno, pues lo que uno hace sabe convertirlo en bueno mediante la reflexi\u00f3n de las buenas intenciones y motivos, y por el momento de su <em>convicci\u00f3n<\/em> es bueno.<sup data-fn=\"2dfc0555-4902-47f2-8612-7a92eeae2e3a\" class=\"fn\"><a href=\"#2dfc0555-4902-47f2-8612-7a92eeae2e3a\" id=\"2dfc0555-4902-47f2-8612-7a92eeae2e3a-link\">9<\/a><\/sup> As\u00ed ya no hay cr\u00edmenes ni vicios en y para s\u00ed, y en lugar del pecar franco y libre, endurecido e imperturbado antes mencionado, ha entrado la conciencia de la justificaci\u00f3n completa por medio de la intenci\u00f3n y la convicci\u00f3n. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0147\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|147|<\/span> Mi intenci\u00f3n del bien en mi acci\u00f3n y mi convicci\u00f3n de que es buena <em>la convierten en buena<\/em>. En la medida en que se habla de un juzgar y sentenciar la acci\u00f3n, es, en virtud de este principio, solo seg\u00fan la intenci\u00f3n y la convicci\u00f3n del que act\u00faa, seg\u00fan su <em>creencia<\/em>, como debe ser juzgado \u2014 no en el sentido en que <em>Cristo<\/em> exige una fe en la verdad <em>objetiva<\/em>, de modo que, para quien tiene una mala fe, es decir, una convicci\u00f3n mala seg\u00fan su <em>contenido<\/em>, tambi\u00e9n el juicio resulte malo, es decir, conforme a este contenido malo, sino seg\u00fan la fe en el sentido de la fidelidad a la convicci\u00f3n, de si el ser humano ha permanecido, en su obrar, <em>fiel a su convicci\u00f3n<\/em>, la fidelidad subjetiva formal, que sola contendr\u00eda lo conforme al deber. \u2014 En este principio de la convicci\u00f3n, puesto que a la vez est\u00e1 determinada como algo <em>subjetivo<\/em>, ha de imponerse ciertamente tambi\u00e9n el pensamiento de la posibilidad <em>de un error<\/em>, en lo cual reside, por tanto, el presupuesto de una ley que es en y para s\u00ed. Pero <em>la ley no act\u00faa<\/em>, es solo el ser humano efectivo quien act\u00faa, y en el valor de las acciones humanas, seg\u00fan aquel principio, solo puede importar en qu\u00e9 medida ha incorporado aquella ley <em>a su convicci\u00f3n<\/em>. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0148\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|148|<\/span> Pero si, seg\u00fan esto, no son las acciones las que han de juzgarse conforme a aquella ley, es decir, medirse en general por ella, entonces no se ve para qu\u00e9 ha de ser y servir todav\u00eda aquella ley. Tal ley queda rebajada a una mera <em>letra exterior<\/em>, en efecto a una palabra vac\u00eda, pues solo mediante mi convicci\u00f3n se la <em>hace<\/em> <em>una ley<\/em>, algo que me obliga y me vincula. \u2014 Que tal ley tenga a su favor la autoridad de Dios, la del Estado, e incluso la autoridad de milenios, en los cuales fue el v\u00ednculo en el que los seres humanos y todo su obrar y destino se mantuvieron unidos y subsistieron \u2014 autoridades que encierran en s\u00ed una infinidad de <em>convicciones de individuos<\/em> \u2014, y que <em>yo<\/em>, frente a ello, ponga la <em>autoridad<\/em> de mi convicci\u00f3n <em>singular<\/em> \u2014 como mi convicci\u00f3n subjetiva, su validez es solo autoridad \u2014, esta presunci\u00f3n que a primera vista parece enorme queda eliminada por el principio mismo, en cuanto este hace de la convicci\u00f3n subjetiva la regla. \u2014 Si ahora bien, por la inconsecuencia superior que la raz\u00f3n y la conciencia, ineliminables pese a la ciencia superficial y la mala sofister\u00eda, introducen, se admite la <em>posibilidad de un error<\/em>, con ello, al decir que el crimen y el mal en general son un error, el defecto queda reducido a su m\u00ednimo. Pues <em>errar es humano<\/em> \u2014 \u00bfqui\u00e9n no se habr\u00eda equivocado sobre esto o aquello, sobre si ayer com\u00ed col o repollo al mediod\u00eda, y sobre innumerables cosas, m\u00e1s y menos importantes? Sin embargo, la diferencia entre lo importante y lo no importante desaparece si es solo la subjetividad de la convicci\u00f3n y la perseverancia en ella lo que importa. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0149\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|149|<\/span> Pero aquella inconsecuencia superior acerca de la posibilidad de un error, que proviene de la naturaleza de la cosa, se convierte, en el giro de que una mala convicci\u00f3n es solo un error, en efecto solo en la otra inconsecuencia de la deshonestidad; una vez debe ser la convicci\u00f3n aquello sobre lo cual se asienta lo \u00e9tico y el valor m\u00e1s alto del ser humano, y con ello se la declara lo m\u00e1s alto y sagrado; y la otra vez no se trata de otra cosa sino de un errar, mi estar convencido algo insignificante y contingente, en realidad algo exterior, que puede <em>ocurrirme de un modo u otro<\/em>. En efecto, mi estar convencido es algo sumamente insignificante si no puedo conocer nada verdadero; as\u00ed resulta indiferente <em>c\u00f3mo<\/em> pienso, y me queda para pensar aquel bien vac\u00edo, el abstracto del entendimiento. \u2014 Se sigue adem\u00e1s, para observar tambi\u00e9n esto, seg\u00fan este principio de la justificaci\u00f3n por el fundamento de la convicci\u00f3n, la consecuencia para el modo de obrar de otros frente a mi obrar: que, en la medida en que ellos, seg\u00fan <em>su<\/em> fe y convicci\u00f3n, tienen mis acciones por <em>cr\u00edmenes<\/em>, obran <em>con toda raz\u00f3n<\/em>; \u2014 una consecuencia por la cual no solo no reservo nada de antemano para m\u00ed, sino que, al contrario, quedo rebajado, desde el punto de vista de la libertad y el honor, a la relaci\u00f3n de la no libertad y el deshonor, a saber, en la justicia, que en s\u00ed es tambi\u00e9n la m\u00eda, a experimentar solo una convicci\u00f3n subjetiva ajena y, en su ejercicio, a creerme tratado solo por una violencia exterior.\n\nf) <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0150\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|150|<\/span> La forma m\u00e1s alta, por fin, en la cual esta subjetividad se capta y se expresa a s\u00ed misma por completo, es la figura que se ha llamado, con un nombre tomado en pr\u00e9stamo de <em>Plat\u00f3n<\/em>, <em>iron\u00eda<\/em>; \u2014 pues solo el nombre est\u00e1 tomado de <em>Plat\u00f3n<\/em>, quien lo us\u00f3 para un modo de <em>S\u00f3crates<\/em>, que este empleaba en una conversaci\u00f3n personal contra la presunci\u00f3n de la conciencia inculta y sof\u00edstica en favor de la Idea de la verdad y la justicia, pero que trataba ir\u00f3nicamente solo a aquella conciencia, no a la Idea misma. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0151\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|151|<\/span> La iron\u00eda ata\u00f1e solo a un comportamiento del di\u00e1logo frente a <em>personas<\/em>; sin la direcci\u00f3n personal, el movimiento esencial del pensamiento es la dial\u00e9ctica, y <em>Plat\u00f3n<\/em> estaba tan lejos de tomar lo dial\u00e9ctico por s\u00ed solo, o incluso la iron\u00eda, por lo \u00faltimo y por la Idea misma, que, al contrario, sumergi\u00f3 y culmin\u00f3 el tr\u00e1nsito y contratr\u00e1nsito del pensamiento, y sobre todo de una opini\u00f3n subjetiva, en la sustancialidad de la Idea.<sup data-fn=\"2d63dade-d5a9-4b66-a3b8-0f0000222e98\" class=\"fn\"><a href=\"#2d63dade-d5a9-4b66-a3b8-0f0000222e98\" id=\"2d63dade-d5a9-4b66-a3b8-0f0000222e98-link\">10<\/a><\/sup> \u2014 La cima de la subjetividad que aqu\u00ed todav\u00eda queda por considerar, la que se capta a s\u00ed misma como lo \u00faltimo, solo puede consistir en esto: en <em>saberse<\/em> todav\u00eda como aquel decidir y resolver sobre la verdad, el derecho y el deber, <em>que<\/em> ya est\u00e1 presente en s\u00ed en las formas anteriores. Consiste, pues, en saber ciertamente lo \u00e9ticamente objetivo, pero no en olvidarse a s\u00ed misma y, renunciando a s\u00ed, profundizar en la seriedad de ello y actuar a partir de ello, sino en mantenerlo a la vez, en su referencia a ello, a distancia de s\u00ed, y en <em>saberse<\/em> a s\u00ed misma como aquello que <em>quiere as\u00ed<\/em> y <em>decide as\u00ed<\/em>, y que puede <em>igual de bien<\/em> querer y decidir de otro modo. \u2014 Vosotros tom\u00e1is en efecto y honradamente una ley como algo que es en y para s\u00ed, Yo tambi\u00e9n estoy en ella y con ella, pero tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de vosotros, yo estoy tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de ella y puedo hacerla <em>de un modo u otro<\/em>. <span class=\"ed-s\" title=\"Erstdruck 1820, S.\u00a0153\" style=\"font-size:.7em;color:#a2977f;letter-spacing:.03em;white-space:nowrap;\">|153|<\/span> No la cosa es lo excelente, sino que Yo soy el excelente y soy el maestro sobre la ley y la cosa,<sup data-fn=\"33c37bad-1e7e-4881-99f7-a707939beddb\" class=\"fn\"><a href=\"#33c37bad-1e7e-4881-99f7-a707939beddb\" id=\"33c37bad-1e7e-4881-99f7-a707939beddb-link\">11<\/a><\/sup> que con ella, como con su capricho, <em>solo juega<\/em>, y en esta conciencia ir\u00f3nica, en la cual Yo dejo perecer lo m\u00e1s alto, <em>solo me disfruto a m\u00ed mismo<\/em>. \u2014 Esta figura no es solo la <em>vanidad<\/em> de todo <em>contenido<\/em> \u00e9tico de los derechos, deberes, leyes \u2014 el mal, y en efecto el mal enteramente universal en s\u00ed \u2014, sino que a\u00f1ade tambi\u00e9n la forma, la vanidad <em>subjetiva<\/em>, la de saberse a s\u00ed misma como esta vanidad de todo contenido y, en este saber, saberse <em>a s\u00ed misma<\/em> como lo absoluto. \u2014 En qu\u00e9 medida esta complacencia absoluta consigo misma no permanece un culto solitario de s\u00ed misma, sino que puede formar tambi\u00e9n, digamos, una <em>comunidad<\/em>, cuyo v\u00ednculo y sustancia sean tambi\u00e9n el aseguramiento rec\u00edproco de la conciencia escrupulosa, de las buenas intenciones, el regocijo por esta pureza mutua, pero sobre todo el deleitarse en la magnificencia de este saberse y expresarse a s\u00ed misma y en la magnificencia de este cuidar y cultivar; \u2014 en qu\u00e9 medida lo que se ha llamado <em>bella alma<\/em>, la subjetividad m\u00e1s noble que, en la vanidad de toda objetividad y por ello en la irrealidad de s\u00ed misma, se va consumiendo, y otras configuraciones m\u00e1s, son giros emparentados con el grado aqu\u00ed considerado \u2014 lo he tratado en la <em>Fenomenolog\u00eda del esp\u00edritu<\/em>, p. 605 y ss., donde puede compararse toda la secci\u00f3n c) <em>la conciencia moral<\/em>, especialmente tambi\u00e9n en atenci\u00f3n al tr\u00e1nsito a un grado superior \u2014 all\u00ed, por lo dem\u00e1s, determinado de otro modo \u2014 en general.<\/p><\/blockquote><ol class=\"wp-block-footnotes\"><li id=\"cec61007-96ce-490a-9519-2bb7f620051a\">insertado en el ejemplar personal [de Hegel] <a href=\"#cec61007-96ce-490a-9519-2bb7f620051a-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 1\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"63ab3230-e901-4642-a506-e205061936e1\">\u00abTodos ellos son condenados, esos medio pecadores que todav\u00eda tienen algo de amor a la virtud. Pero a esos pecadores manifiestos, esos pecadores empedernidos, pecadores sin mezcla, enteros y consumados, a esos ya no los retiene el infierno: han enga\u00f1ado al diablo entreg\u00e1ndose por completo.\u00bb (La primera frase no concuerda con el original.) <a href=\"#63ab3230-e901-4642-a506-e205061936e1-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 2\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"ccc9968f-19f6-40b8-9982-397c7ec99a93\"><em>Nota de Hegel.<\/em> Pascal aduce tambi\u00e9n all\u00ed la intercesi\u00f3n de Cristo en la cruz por sus enemigos: \u00abPadre, perd\u00f3nalos, porque no saben lo que hacen\u00bb \u2014 una s\u00faplica superflua, si la circunstancia de que no supieran lo que hac\u00edan hubiera conferido ya a su acci\u00f3n la cualidad de no ser mala, y por tanto no necesitara del perd\u00f3n. Del mismo modo, aduce la opini\u00f3n de Arist\u00f3teles (el pasaje se halla en la <em>\u00c9tica a Nic\u00f3maco<\/em> III, 2 [1110 b 27]), quien distingue si el que act\u00faa lo hace \u03bf\u1f50\u03ba \u03b5\u1f30\u03b4\u03ce\u03c2 [sin saber] o \u1f00\u03b3\u03bd\u03bf\u1ff6\u03bd [ignorando]; en el primer caso, el de la ignorancia, act\u00faa involuntariamente (esta ignorancia se refiere a las circunstancias exteriores; v\u00e9ase m\u00e1s arriba el \u00a7 117), y la acci\u00f3n no le es imputable. Pero sobre el otro caso dice Arist\u00f3teles: \u00abTodo malvado ignora lo que se debe hacer y lo que se debe omitir, y precisamente esta carencia (\u1f01\u03bc\u03b1\u03c1\u03c4\u03af\u03b1) es lo que hace a los hombres injustos y, en general, malos. El desconocimiento de la elecci\u00f3n entre el bien y el mal no hace que una acci\u00f3n sea involuntaria, sino solo que sea mala.\u00bb Arist\u00f3teles ten\u00eda, sin duda, una intelecci\u00f3n m\u00e1s profunda de la conexi\u00f3n entre el conocer y el querer que la que se ha vuelto habitual en una filosof\u00eda superficial, la cual ense\u00f1a que el desconocimiento, el \u00e1nimo y el entusiasmo son los verdaderos principios del actuar \u00e9tico. <a href=\"#ccc9968f-19f6-40b8-9982-397c7ec99a93-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 3\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"6da66cb8-d85c-4100-8dfc-92db5442001b\"><em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Gracia eficaz \u2014 el ser humano absolutamente pasivo; la gracia no encuentra nada inmanente al ser humano. <a href=\"#6da66cb8-d85c-4100-8dfc-92db5442001b-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 4\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"5df39791-b389-4620-b5fb-5dc9529603ca\">insertado en el ejemplar personal [de Hegel] <a href=\"#5df39791-b389-4620-b5fb-5dc9529603ca-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 5\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"20537106-6872-4d7b-9d53-d2c04c791b44\"><em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Deberes \u2014 esencialmente como sistema \u2014 subordinaci\u00f3n objetiva. <a href=\"#20537106-6872-4d7b-9d53-d2c04c791b44-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 6\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"6d1e1d4d-03e2-4e06-8d3c-334fe39d2ced\"><em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Forma filos\u00f3fica <a href=\"#6d1e1d4d-03e2-4e06-8d3c-334fe39d2ced-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 7\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"f3ad8142-df8a-47f1-b757-4fa4b20b4749\"><em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Principios <a href=\"#f3ad8142-df8a-47f1-b757-4fa4b20b4749-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 8\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"2dfc0555-4902-47f2-8612-7a92eeae2e3a\"><em>Nota de Hegel.<\/em> \u00abQue \u00e9l se sienta plenamente convencido, de eso no dudo en lo m\u00e1s m\u00ednimo. Pero cu\u00e1ntos hombres no comienzan, a partir de una convicci\u00f3n as\u00ed sentida, los peores cr\u00edmenes. As\u00ed pues, si este motivo pudiera disculpar en todos los casos, ya no habr\u00eda juicio racional alguno sobre resoluciones buenas y malas, venerables y despreciables; el desvar\u00edo tendr\u00eda entonces los mismos derechos que la raz\u00f3n, o la raz\u00f3n ya no tendr\u00eda derecho alguno, ninguna autoridad v\u00e1lida; su voz ser\u00eda un absurdo; \u00a1quien simplemente no dude, ese est\u00e1 en la verdad! Me estremezco ante las consecuencias de semejante tolerancia, que ser\u00eda una tolerancia excluyente en favor de la sinraz\u00f3n.\u00bb Fr. H. Jacobi al conde Holmer, Eutin, 5 de agosto de 1800; sobre el cambio religioso del conde Stolberg (<em>Brennus<\/em>, Berl\u00edn, agosto de 1802). <a href=\"#2dfc0555-4902-47f2-8612-7a92eeae2e3a-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 9\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"2d63dade-d5a9-4b66-a3b8-0f0000222e98\"><em>Nota de Hegel.<\/em> Mi difunto colega, el profesor Solger, retom\u00f3, en efecto, la expresi\u00f3n de la iron\u00eda que introdujo el se\u00f1or Fried. v. Schlegel en un per\u00edodo anterior de su trayectoria como escritor y que este llev\u00f3 hasta el extremo de una subjetividad que se sabe a s\u00ed misma como lo supremo; pero su mejor juicio, alejado de tal determinaci\u00f3n, y su intelecci\u00f3n filos\u00f3fica, no captaron y retuvieron en ella sino, principalmente, el lado de lo propiamente dial\u00e9ctico, del pulso m\u00f3vil de la consideraci\u00f3n especulativa. Pero no puedo hallar esto del todo claro, ni concordar con los conceptos que el mismo desarrolla todav\u00eda en su \u00faltimo y sustancioso trabajo, una amplia cr\u00edtica de las lecciones del se\u00f1or August Wilhelm v. Schlegel sobre el arte dram\u00e1tico y la literatura (<em>Anales de Viena<\/em>, t. VII, p. 90 y ss.). \u00abLa verdadera iron\u00eda\u00bb, dice Solger all\u00ed mismo, p. 92, \u00abparte del punto de vista de que el ser humano, mientras vive en este mundo presente, solo puede cumplir su destino, tambi\u00e9n en el sentido m\u00e1s elevado de la palabra, en este mundo. Todo aquello con lo que creemos ir m\u00e1s all\u00e1 de los fines finitos es una vana y vac\u00eda ilusi\u00f3n &#8230; Tambi\u00e9n lo supremo est\u00e1 ah\u00ed, para nuestro actuar, \u00fanicamente en una configuraci\u00f3n finita y limitada.\u00bb Esto, bien entendido, es plat\u00f3nico y muy verdadero, dicho contra el vano af\u00e1n \u2014mencionado all\u00ed antes\u2014 de dirigirse hacia lo infinito (abstracto). Pero que lo supremo est\u00e9 en una configuraci\u00f3n finita y limitada, como lo \u00e9tico \u2014y lo \u00e9tico es esencialmente en cuanto realidad efectiva y acci\u00f3n\u2014, esto es muy distinto de que sea un fin finito; la configuraci\u00f3n, la forma de lo finito, no le quita al contenido, a lo \u00e9tico, nada de su substancialidad ni de la infinitud que tiene en s\u00ed mismo. Y sigue diciendo: \u00abY precisamente por eso, ello (lo supremo) es en nosotros tan nulo como lo m\u00e1s \u00ednfimo, y perece necesariamente con nosotros y con nuestro sentido nulo, pues en verdad solo est\u00e1 ah\u00ed en Dios, y en este perecer se transfigura como algo divino, de lo cual no participar\u00edamos si no hubiera una presencia inmediata de este elemento divino, que se revela justamente en el desvanecerse de nuestra realidad efectiva; y el temple de \u00e1nimo para el que esto se hace patente de manera inmediata en los propios acontecimientos humanos es la iron\u00eda tr\u00e1gica.\u00bb No importar\u00eda el nombre arbitrario de iron\u00eda, pero hay algo de oscuro en que sea lo supremo lo que perece con nuestra nulidad, y en que lo divino solo se revele en el desvanecerse de nuestra realidad efectiva, como se dice tambi\u00e9n, en la misma p. 91: \u00abVemos a los h\u00e9roes extraviarse en lo m\u00e1s noble y bello de sus disposiciones y sentimientos, no solo respecto del \u00e9xito, sino tambi\u00e9n de su origen y de su valor; es m\u00e1s, nos elevamos ante el ocaso mismo de lo mejor.\u00bb Que el ocaso tr\u00e1gico de figuras sumamente \u00e9ticas solo pueda interesar y elevarnos, reconcili\u00e1ndonos con nosotros mismos (el ocaso justo de bribones y criminales puramente engre\u00eddos \u2014como, por ejemplo, el h\u00e9roe de una tragedia moderna, <em>La culpa<\/em> [de Adolf M\u00fcllner, 1816]\u2014 tiene, ciertamente, un inter\u00e9s criminal\u00edstico-jur\u00eddico, pero ninguno para el verdadero arte del que aqu\u00ed se trata), en la medida en que tales figuras se presenten unas contra otras como potencias \u00e9ticas de igual derecho, aunque diferentes, que han entrado en colisi\u00f3n por una desgracia, y que as\u00ed, por esta su oposici\u00f3n contra algo \u00e9tico, incurren en culpa \u2014de lo cual resulta, para nosotros, que el derecho y el entuerto de ambas, y con ello la verdadera idea \u00e9tica, purificada y triunfante sobre esta unilateralidad, surgen as\u00ed reconciliados\u2014, de modo que no es lo supremo en nosotros lo que perece, y que no nos elevamos ante el ocaso de lo mejor, sino, por el contrario, ante el triunfo de lo verdadero: que este es el verdadero inter\u00e9s puramente \u00e9tico de la tragedia antigua (en la rom\u00e1ntica, esta determinaci\u00f3n sufre todav\u00eda una modificaci\u00f3n ulterior), lo he expuesto en la <em>Fenomenolog\u00eda del esp\u00edritu<\/em> (p. 404 y ss., cf. 683 y ss.) [t. 3, p. 343 y ss., cf. 533 y ss.]. Pero la idea \u00e9tica, sin aquella desgracia de la colisi\u00f3n y sin el ocaso de los individuos atrapados en esa desgracia, es real y est\u00e1 presente en el mundo \u00e9tico; y que lo supremo no se presente, en su realidad efectiva, como algo nulo, esto es precisamente lo que la existencia \u00e9tica real, el Estado, se propone y produce, y lo que en \u00e9l posee, contempla y sabe la autoconciencia \u00e9tica, y lo que el conocimiento pensante concibe. <a href=\"#2d63dade-d5a9-4b66-a3b8-0f0000222e98-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 10\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"33c37bad-1e7e-4881-99f7-a707939beddb\"><em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Virtuosismo, genialidad \u2014 maestr\u00eda de lo \u00e9tico <a href=\"#33c37bad-1e7e-4881-99f7-a707939beddb-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 11\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><\/ol>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la medida en que la autoconciencia sabe extraer, de su fin, un lado positivo (\u00a7 135) \u2014que necesariamente tiene, porque pertenece al prop\u00f3sito del actuar concreto y efectivo\u2014, es capaz, en virtud de tal lado, en cuanto deber e intenci\u00f3n excelente, de sostener como buena, ante otros y ante s\u00ed misma, una acci\u00f3n cuyo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"[{\"id\":\"cec61007-96ce-490a-9519-2bb7f620051a\",\"content\":\"insertado en el ejemplar personal [de Hegel]\"},{\"id\":\"63ab3230-e901-4642-a506-e205061936e1\",\"content\":\"\u00abTodos ellos son condenados, esos medio pecadores que todav\u00eda tienen algo de amor a la virtud. 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Del mismo modo, aduce la opini\u00f3n de Arist\u00f3teles (el pasaje se halla en la <em>\u00c9tica a Nic\u00f3maco<\/em> III, 2 [1110 b 27]), quien distingue si el que act\u00faa lo hace \u03bf\u1f50\u03ba \u03b5\u1f30\u03b4\u03ce\u03c2 [sin saber] o \u1f00\u03b3\u03bd\u03bf\u1ff6\u03bd [ignorando]; en el primer caso, el de la ignorancia, act\u00faa involuntariamente (esta ignorancia se refiere a las circunstancias exteriores; v\u00e9ase m\u00e1s arriba el \u00a7 117), y la acci\u00f3n no le es imputable. Pero sobre el otro caso dice Arist\u00f3teles: \u00abTodo malvado ignora lo que se debe hacer y lo que se debe omitir, y precisamente esta carencia (\u1f01\u03bc\u03b1\u03c1\u03c4\u03af\u03b1) es lo que hace a los hombres injustos y, en general, malos. El desconocimiento de la elecci\u00f3n entre el bien y el mal no hace que una acci\u00f3n sea involuntaria, sino solo que sea mala.\u00bb Arist\u00f3teles ten\u00eda, sin duda, una intelecci\u00f3n m\u00e1s profunda de la conexi\u00f3n entre el conocer y el querer que la que se ha vuelto habitual en una filosof\u00eda superficial, la cual ense\u00f1a que el desconocimiento, el \u00e1nimo y el entusiasmo son los verdaderos principios del actuar \u00e9tico.\"},{\"id\":\"6da66cb8-d85c-4100-8dfc-92db5442001b\",\"content\":\"<em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Gracia eficaz \u2014 el ser humano absolutamente pasivo; la gracia no encuentra nada inmanente al ser humano.\"},{\"id\":\"5df39791-b389-4620-b5fb-5dc9529603ca\",\"content\":\"insertado en el ejemplar personal [de Hegel]\"},{\"id\":\"20537106-6872-4d7b-9d53-d2c04c791b44\",\"content\":\"<em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Deberes \u2014 esencialmente como sistema \u2014 subordinaci\u00f3n objetiva.\"},{\"id\":\"6d1e1d4d-03e2-4e06-8d3c-334fe39d2ced\",\"content\":\"<em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Forma filos\u00f3fica\"},{\"id\":\"f3ad8142-df8a-47f1-b757-4fa4b20b4749\",\"content\":\"<em>Ejemplar personal de Hegel.<\/em> Principios\"},{\"id\":\"2dfc0555-4902-47f2-8612-7a92eeae2e3a\",\"content\":\"<em>Nota de Hegel.<\/em> \u00abQue \u00e9l se sienta plenamente convencido, de eso no dudo en lo m\u00e1s m\u00ednimo. Pero cu\u00e1ntos hombres no comienzan, a partir de una convicci\u00f3n as\u00ed sentida, los peores cr\u00edmenes. As\u00ed pues, si este motivo pudiera disculpar en todos los casos, ya no habr\u00eda juicio racional alguno sobre resoluciones buenas y malas, venerables y despreciables; el desvar\u00edo tendr\u00eda entonces los mismos derechos que la raz\u00f3n, o la raz\u00f3n ya no tendr\u00eda derecho alguno, ninguna autoridad v\u00e1lida; su voz ser\u00eda un absurdo; \u00a1quien simplemente no dude, ese est\u00e1 en la verdad! Me estremezco ante las consecuencias de semejante tolerancia, que ser\u00eda una tolerancia excluyente en favor de la sinraz\u00f3n.\u00bb Fr. H. Jacobi al conde Holmer, Eutin, 5 de agosto de 1800; sobre el cambio religioso del conde Stolberg (<em>Brennus<\/em>, Berl\u00edn, agosto de 1802).\"},{\"id\":\"2d63dade-d5a9-4b66-a3b8-0f0000222e98\",\"content\":\"<em>Nota de Hegel.<\/em> Mi difunto colega, el profesor Solger, retom\u00f3, en efecto, la expresi\u00f3n de la iron\u00eda que introdujo el se\u00f1or Fried. v. Schlegel en un per\u00edodo anterior de su trayectoria como escritor y que este llev\u00f3 hasta el extremo de una subjetividad que se sabe a s\u00ed misma como lo supremo; pero su mejor juicio, alejado de tal determinaci\u00f3n, y su intelecci\u00f3n filos\u00f3fica, no captaron y retuvieron en ella sino, principalmente, el lado de lo propiamente dial\u00e9ctico, del pulso m\u00f3vil de la consideraci\u00f3n especulativa. Pero no puedo hallar esto del todo claro, ni concordar con los conceptos que el mismo desarrolla todav\u00eda en su \u00faltimo y sustancioso trabajo, una amplia cr\u00edtica de las lecciones del se\u00f1or August Wilhelm v. Schlegel sobre el arte dram\u00e1tico y la literatura (<em>Anales de Viena<\/em>, t. VII, p. 90 y ss.). \u00abLa verdadera iron\u00eda\u00bb, dice Solger all\u00ed mismo, p. 92, \u00abparte del punto de vista de que el ser humano, mientras vive en este mundo presente, solo puede cumplir su destino, tambi\u00e9n en el sentido m\u00e1s elevado de la palabra, en este mundo. Todo aquello con lo que creemos ir m\u00e1s all\u00e1 de los fines finitos es una vana y vac\u00eda ilusi\u00f3n ... Tambi\u00e9n lo supremo est\u00e1 ah\u00ed, para nuestro actuar, \u00fanicamente en una configuraci\u00f3n finita y limitada.\u00bb Esto, bien entendido, es plat\u00f3nico y muy verdadero, dicho contra el vano af\u00e1n \u2014mencionado all\u00ed antes\u2014 de dirigirse hacia lo infinito (abstracto). Pero que lo supremo est\u00e9 en una configuraci\u00f3n finita y limitada, como lo \u00e9tico \u2014y lo \u00e9tico es esencialmente en cuanto realidad efectiva y acci\u00f3n\u2014, esto es muy distinto de que sea un fin finito; la configuraci\u00f3n, la forma de lo finito, no le quita al contenido, a lo \u00e9tico, nada de su substancialidad ni de la infinitud que tiene en s\u00ed mismo. Y sigue diciendo: \u00abY precisamente por eso, ello (lo supremo) es en nosotros tan nulo como lo m\u00e1s \u00ednfimo, y perece necesariamente con nosotros y con nuestro sentido nulo, pues en verdad solo est\u00e1 ah\u00ed en Dios, y en este perecer se transfigura como algo divino, de lo cual no participar\u00edamos si no hubiera una presencia inmediata de este elemento divino, que se revela justamente en el desvanecerse de nuestra realidad efectiva; y el temple de \u00e1nimo para el que esto se hace patente de manera inmediata en los propios acontecimientos humanos es la iron\u00eda tr\u00e1gica.\u00bb No importar\u00eda el nombre arbitrario de iron\u00eda, pero hay algo de oscuro en que sea lo supremo lo que perece con nuestra nulidad, y en que lo divino solo se revele en el desvanecerse de nuestra realidad efectiva, como se dice tambi\u00e9n, en la misma p. 91: \u00abVemos a los h\u00e9roes extraviarse en lo m\u00e1s noble y bello de sus disposiciones y sentimientos, no solo respecto del \u00e9xito, sino tambi\u00e9n de su origen y de su valor; es m\u00e1s, nos elevamos ante el ocaso mismo de lo mejor.\u00bb Que el ocaso tr\u00e1gico de figuras sumamente \u00e9ticas solo pueda interesar y elevarnos, reconcili\u00e1ndonos con nosotros mismos (el ocaso justo de bribones y criminales puramente engre\u00eddos \u2014como, por ejemplo, el h\u00e9roe de una tragedia moderna, <em>La culpa<\/em> [de Adolf M\u00fcllner, 1816]\u2014 tiene, ciertamente, un inter\u00e9s criminal\u00edstico-jur\u00eddico, pero ninguno para el verdadero arte del que aqu\u00ed se trata), en la medida en que tales figuras se presenten unas contra otras como potencias \u00e9ticas de igual derecho, aunque diferentes, que han entrado en colisi\u00f3n por una desgracia, y que as\u00ed, por esta su oposici\u00f3n contra algo \u00e9tico, incurren en culpa \u2014de lo cual resulta, para nosotros, que el derecho y el entuerto de ambas, y con ello la verdadera idea \u00e9tica, purificada y triunfante sobre esta unilateralidad, surgen as\u00ed reconciliados\u2014, de modo que no es lo supremo en nosotros lo que perece, y que no nos elevamos ante el ocaso de lo mejor, sino, por el contrario, ante el triunfo de lo verdadero: que este es el verdadero inter\u00e9s puramente \u00e9tico de la tragedia antigua (en la rom\u00e1ntica, esta determinaci\u00f3n sufre todav\u00eda una modificaci\u00f3n ulterior), lo he expuesto en la <em>Fenomenolog\u00eda del esp\u00edritu<\/em> (p. 404 y ss., cf. 683 y ss.) [t. 3, p. 343 y ss., cf. 533 y ss.]. 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