La disposición de ánimo política, el patriotismo en general, en cuanto certeza que está en la verdad (la certeza meramente subjetiva no procede de la verdad y es solo opinión) y en cuanto querer convertido en hábito, es solo resultado de las instituciones existentes en el Estado, que es aquello en lo cual la racionalidad está efectivamente presente, así como ella recibe su confirmación práctica por medio del actuar conforme a ellas. — Esta disposición de ánimo es, en general, la confianza (que puede pasar a una inteligencia más o menos formada), la conciencia de que mi interés sustancial y particular está conservado y contenido en el interés y el fin de otro (aquí, del Estado), en cuanto este está en relación conmigo como singular — con lo cual precisamente este no es inmediatamente otro para mí, y Yo soy libre en esta conciencia.
Por patriotismo se entiende con frecuencia solo la disposición a sacrificios y actos extraordinarios. Pero esencialmente es la disposición de ánimo que, en la situación y las relaciones de vida habituales, está acostumbrada a saber que la comunidad es el fundamento y el fin sustanciales. Esta conciencia, que se acredita en todas las relaciones en el curso habitual de la vida, es entonces aquella en la que se funda también la disposición al esfuerzo extraordinario. |257| Pero, así como los seres humanos prefieren con frecuencia ser magnánimos antes que justos, así también se persuaden fácilmente de poseer aquel patriotismo extraordinario para ahorrarse esta verdadera disposición de ánimo o excusar su carencia. — Si, además, se considera la disposición de ánimo como aquello que podría hacer por sí solo el comienzo y surgir de representaciones y pensamientos subjetivos, se la confunde con la opinión, puesto que, según esta concepción, carece de su fundamento verdadero, la realidad objetiva.

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