Las relaciones de la existencia exterior caen en la infinitud del entendimiento; no hay, por ello, ningún límite en sí que determine qué es dañino o no dañino, ni tampoco, en atención a los delitos, qué es sospechoso o no sospechoso, qué ha de prohibirse o vigilarse, o dejarse a salvo de prohibiciones, vigilancia y sospecha, pesquisa y rendición de cuentas. Son las costumbres, el espíritu del resto de la constitución, el estado de cada momento, el peligro del instante, etc., los que dan las determinaciones más precisas.

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