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Es universal, porque en ella está suprimida toda limitación y singularidad particular, la cual reside únicamente en la diferencia entre el concepto y su objeto o contenido o, según otra forma, en la diferencia entre su ser-para-sí subjetivo — y su ser-en-sí, su singularidad excluyente y resolutiva — y su universalidad misma.

Las diversas determinaciones de la universalidad surgen en la Lógica. (Véase Enciclopedia de las ciencias filosóficas, § 118–126)1. Con esta expresión, al representar se le ocurre en primer lugar la universalidad abstracta y exterior; pero en la universalidad que es en y para sí, tal como se ha determinado aquí, no hay que pensar ni en la universalidad de la reflexión, la comunidad o la totalidad, ni en la universalidad abstracta, que se sitúa, fuera de lo singular, del otro lado, la identidad abstracta del entendimiento (§ 6, Observación). |32| Es la universalidad en sí misma concreta y que, así, es para sí, la cual es la sustancia, el género inmanente o la Idea inmanente de la autoconciencia; — el concepto de la voluntad libre como lo universal que abarca su objeto, lo universal que pasa a través de su determinación y que en ella es idéntico consigo mismo. — Lo universal que es en y para sí es en general lo que se llama lo racional y que solo puede ser aprehendido de esta manera especulativa.

  1. Enciclopedia, 3.ª ed., § 166–180 ↩︎

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