340

En la relación de los Estados entre sí, puesto que en ella son particulares, cae el juego más agitado de la particularidad interior de las pasiones, los intereses, los fines, los talentos y virtudes, la violencia, el entuerto y los vicios, así como de la contingencia exterior, en las mayores dimensiones del fenómeno — un juego en el cual el todo ético mismo, la independencia del Estado, queda expuesto a la contingencia. |343| Los principios de los espíritus de los pueblos son, a causa de su particularidad, en la cual, en cuanto individuos existentes, tienen su realidad objetiva y su autoconciencia, en general limitados, y sus destinos y hechos, en su relación recíproca, son la dialéctica manifiesta de la finitud de estos espíritus, de la cual surge el espíritu universal, el espíritu del mundo, en cuanto ilimitado, tanto como es él quien ejerce sobre ellos su derecho —y su derecho es el más alto de todos— en la historia universal, en cuanto tribunal universal.

EN DE

Comentarios

Deja una respuesta