La historia universal no es, además, el mero tribunal de su poder, es decir, la necesidad abstracta y carente de razón de un destino ciego, sino que, porque el espíritu es en y para sí razón, y el ser-para-sí de esta en el espíritu es saber, ella es el desarrollo, necesario a partir del concepto de su libertad solamente, de los momentos de la razón, y con ello de su autoconciencia y de su libertad — la exposición y la realización del espíritu universal.

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