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Esta subjetividad, en cuanto autodeterminación abstracta y pura certeza solo de sí misma, disuelve en sí igualmente toda determinidad del derecho, del deber y de la existencia, en la medida en que es el poder judicativo de determinar, solo a partir de sí misma, qué es bueno para un contenido, y a la vez el poder al cual el bien, que en un principio es solo representado y debe ser, debe una realidad.

La autoconciencia que ha llegado, en general, a esta reflexión absoluta en sí misma se sabe, en ella, como algo a lo que ninguna determinación existente y dada puede ni debe afectar. |135| Como configuración más general en la historia (en Sócrates, los estoicos, etc.), la dirección de buscar hacia dentro, en sí misma, y de saber y determinar por sí misma qué es justo y bueno, aparece en épocas en las que lo que vale como lo justo y lo bueno en la realidad y en las costumbres ya no puede satisfacer a la voluntad mejor; cuando el mundo existente de la libertad le ha sido infiel, ya no se encuentra en los deberes vigentes y debe buscar ganar la armonía perdida en la realidad solo en la interioridad ideal. En la medida en que la autoconciencia así aprehende y adquiere su derecho formal, se trata ahora de cómo esté constituido el contenido que ella se da.

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