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|197| En la medida en que, en la necesidad social, en cuanto enlace de la necesidad inmediata o natural y de la necesidad espiritual de la representación, esta última, como lo universal, se hace lo predominante, reside en este momento social el lado de la liberación, a saber, que la estricta necesidad natural propia de la necesidad queda oculta, y que el ser humano se relaciona con su —y por cierto una universal— opinión y con una necesidad solo hecha por él mismo, y, en lugar de solo con una contingencia exterior, con una contingencia interior, con el arbitrio.

La representación de que el ser humano, en un llamado estado de naturaleza, en el cual solo tendría las llamadas necesidades naturales simples, y usaría, para su satisfacción, solo los medios que una naturaleza contingente le proporcionara inmediatamente, viviría en libertad respecto de las necesidades, es —incluso sin tener en cuenta todavía el momento de la liberación que reside en el trabajo, de la cual se tratará después— una opinión no verdadera, porque la necesidad natural como tal, y su satisfacción inmediata, no serían sino el estado de la espiritualidad sumergida en la naturaleza, y con ello de la rudeza y la falta de libertad, y la libertad reside únicamente en la reflexión de lo espiritual en sí mismo, en su distinción respecto de lo natural y en su reflejo sobre esto.

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