|233| Si se impusiera a la clase más rica la carga directa, o si en otra propiedad pública (hospitales ricos, fundaciones, conventos) estuvieran presentes los medios directos para mantener a la masa que se encamina a la pobreza en el nivel de su modo de vida ordinario, quedaría asegurada la subsistencia de los necesitados sin estar mediada por el trabajo, lo cual sería contrario al principio de la sociedad civil y al sentimiento de sus individuos de su independencia y su honor; o bien quedaría mediada por el trabajo (por la ocasión de trabajar), y entonces se aumentaría la cantidad de producciones, en cuya superabundancia, y en la falta de consumidores proporcionados que sean a su vez productivos, consiste precisamente el mal, que de ambos modos solo se agranda. Se pone así de manifiesto que, pese al exceso de riqueza, la sociedad civil no es lo bastante rica, es decir, no posee lo suficiente, en el patrimonio que le es propio, para poner freno al exceso de pobreza y a la generación de la plebe.
Estos fenómenos pueden estudiarse en gran escala en el ejemplo de Inglaterra, así como, más de cerca, los resultados que han tenido la tasa de pobres, las fundaciones inconmensurables y las beneficencias privadas igualmente ilimitadas, y sobre todo también, junto con ello, la supresión de las corporaciones. Como el medio más directo, tanto contra la pobreza como, en particular, contra el despojarse de la vergüenza y el honor, las bases subjetivas de la sociedad, y contra la pereza y el derroche, etc., de donde surge la plebe, se ha acreditado allí (principalmente en Escocia) esto: dejar a los pobres a su suerte y remitirlos a la mendicidad pública.

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