El mantenimiento del interés universal del Estado y de lo legal en estos derechos particulares, y la reconducción de estos a aquel, requiere una gestión por parte de delegados del poder de gobierno, los funcionarios del Estado ejecutivos, y de las instancias consultivas superiores, en esa medida constituidas colegialmente, que confluyen en las cúspides supremas que tocan al monarca.
Así como la sociedad civil es el campo de batalla del interés privado individual de todos contra todos, así tiene aquí su sede el conflicto de este contra los asuntos particulares comunes, y el de estos, junto con aquel, contra los puntos de vista y disposiciones superiores del Estado. El espíritu de corporación, que se genera en la legitimación de las esferas particulares, se convierte en sí mismo, a la vez, en el espíritu del Estado, puesto que tiene en el Estado el medio de la conservación de los fines particulares. Este es el secreto del patriotismo de los ciudadanos según este lado: que saben al Estado como su sustancia, porque este conserva sus esferas particulares, la legitimación y autoridad de estas, así como su bienestar. En el espíritu de corporación, puesto que contiene de modo inmediato el enraizamiento de lo particular en lo universal, reside, en esa medida, la profundidad y la fuerza que el Estado tiene en la disposición de ánimo.
|300| La administración de los asuntos de la corporación por sus propios superiores será con frecuencia torpe, puesto que estos, si bien conocen y tienen ante sí sus intereses y asuntos peculiares, conocen y tienen ante sí de modo más incompleto la conexión de las condiciones más lejanas y los puntos de vista universales — además de que otras circunstancias contribuyen a ello, por ejemplo, el estrecho contacto privado y la igualdad, por lo demás, de los superiores con quienes deben también estar subordinados a ellos, su dependencia más variada, etc. Pero esta esfera propia puede considerarse como abandonada al momento de la libertad formal, donde el propio conocer, resolver y ejecutar, así como las pequeñas pasiones y presunciones, tienen un terreno de juego en el que explayarse — y esto tanto más cuanto menos importancia tiene para lo más universal del Estado el contenido del asunto, que por ello se atiende de modo estropeado, menos bien, más trabajosamente, etc., y cuanto más la atención trabajosa o necia de un asunto tan insignificante está en relación directa con la satisfacción y la opinión de sí mismos que de ella se extrae.

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