Las contiendas de los Estados entre sí pueden tener por objeto algún lado particular de su relación; para estas contiendas tiene también su determinación principal la parte particular dedicada a la defensa del Estado. Pero, en la medida en que el Estado como tal, su independencia, entra en peligro, el deber convoca a todos sus ciudadanos a su defensa. Cuando así el todo se ha convertido en poder y ha sido arrancado de su vida interior en sí mismo hacia afuera, la guerra defensiva pasa, con ello, a ser guerra de conquista.
|335| Que el poder armado del Estado, un ejército permanente, y la determinación para el negocio particular de su defensa se conviertan en un estamento, es la misma necesidad por la cual los demás momentos, intereses y negocios particulares se convierten en un matrimonio, en estamentos del oficio, del Estado, de los negocios, etc. El razonamiento, que va y viene de unas razones a otras, se explaya en consideraciones sobre las mayores ventajas o sobre las mayores desventajas de la introducción de ejércitos permanentes, y la opinión se decide gustosamente por lo segundo, porque el concepto de la cosa es más difícil de captar que lados singulares y exteriores, y luego porque los intereses y fines de la particularidad (los costos con sus consecuencias, mayores gravámenes, etc.) son estimados en más, en la conciencia de la sociedad civil, que lo necesario en y para sí, que de este modo vale solo como un medio para aquellos.

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