El contenido de la valentía, en cuanto disposición de ánimo, reside en el fin último absoluto verdadero, la soberanía del Estado; — la realidad de este fin último, como obra de la valentía, tiene por mediación la entrega de la realidad personal. Esta figura contiene, por ello, la dureza de las más altas oposiciones: la enajenación misma, pero como existencia de la libertad, — la más alta independencia del ser-para-sí, cuya existencia está a la vez en lo mecánico de un orden exterior y de un servicio, — obediencia total y abandono del propio opinar y razonar, así como ausencia del espíritu propio y, a la vez, presencia intensísima y comprehensiva del espíritu en el instante, y resolución, — el actuar más hostil y a la vez más personal contra individuos, con una disposición de ánimo perfectamente indiferente, incluso buena, hacia ellos como individuos.
|336| Arriesgar la vida en ello es, ciertamente, más que solo temer la muerte, pero es, con ello, lo meramente negativo, y por ello no tiene determinación ni valor para sí; — lo positivo, el fin y el contenido, es lo que da a este valor su significado por primera vez; ladrones, asesinos, con un fin que es delito, aventureros con un fin hecho por sí mismos en su opinión, etc., tienen también aquel valor de arriesgar la vida. — El principio del mundo moderno, el pensamiento y lo universal, ha dado a la valentía la figura superior de que su manifestación parezca más mecánica, y no como el hacer de esta persona particular, sino solo como el hacer de un miembro de un todo, — así como también de que no esté dirigida contra personas singulares, sino contra un todo hostil en general, de modo que el valor personal aparece como no personal. Por ello, aquel principio ha inventado el arma de fuego, y no ha sido una invención contingente de esta arma la que ha transformado la figura meramente personal de la valentía en la más abstracta.

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