Además, el Estado, en cuanto espiritual en general, no puede detenerse simplemente en atender solo a la realidad de la lesión, sino que se añade, como causa de contiendas, la representación de tal lesión como un peligro amenazante de parte de otro Estado, con el ascenso y descenso de probabilidades mayores o menores, conjeturas de intenciones, etc.

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