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3. El reino romano

En este reino se consuma la diferenciación hasta el desgarramiento infinito de la vida ética en los extremos de la autoconciencia privada personal y de la universalidad abstracta. La oposición, partiendo de la intuición sustancial de una aristocracia frente al principio de la personalidad libre en forma democrática, se desarrolla, hacia aquel lado, hasta la superstición y la afirmación de un poder frío y codicioso y, hacia este otro, hasta la corrupción de una plebe, y la disolución del todo termina en la desdicha universal y la muerte de la vida ética, en la cual las individualidades de los pueblos perecen en la unidad de un panteón y todos los singulares descienden a la condición de personas privadas y de iguales con derecho formal, a los que, con ello, solo mantiene unidos un arbitrio abstracto que se lanza hasta lo desmesurado.

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