|106| En la medida en que la subjetividad constituye ahora la determinidad del concepto y está distinguida de este en cuanto tal, de la voluntad que es en sí, y ello en cuanto la voluntad del sujeto, en cuanto este es el singular que es para sí, a la vez es (tiene también todavía en ella la inmediatez), constituye la existencia del concepto. — Con ello se ha determinado para la libertad un terreno superior; en la Idea, el lado de la existencia, o su momento real, es ahora la subjetividad de la voluntad. Solo en la voluntad, en cuanto subjetiva, puede la libertad, o la voluntad que es en sí, ser efectiva.
La segunda esfera, la moralidad, presenta, por ello, en su conjunto el lado real del concepto de la libertad, y el proceso de esta esfera consiste en suprimir la voluntad que en un principio es solo para sí, que inmediatamente solo es idéntica en sí con la voluntad que es en sí o universal, según esta diferencia en la cual se ahonda en sí misma, y en ponerla para sí como idéntica con la voluntad que es en sí. Este movimiento es, por tanto, la elaboración de este terreno de la libertad ahora alcanzado, la subjetividad: hacer a esta, que en un principio es abstracta, es decir, distinta del concepto, igual a él, y obtener así para la Idea su verdadera realización — que la voluntad subjetiva se determine como igualmente objetiva y, con ello, verdaderamente concreta.

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