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La libertad de la voluntad es, según esta determinación, arbitrio — en el cual están contenidas ambas cosas: la reflexión libre que hace abstracción de todo y la dependencia respecto del contenido y la materia dados interior o exteriormente. Porque este contenido, necesario en sí como fin, está a la vez determinado, frente a aquella reflexión, como posible, el arbitrio es la contingencia tal como esta es en cuanto voluntad.

La representación más común que se tiene de la libertad es la del arbitrio — el término medio de la reflexión entre la voluntad determinada meramente por los impulsos naturales y la voluntad libre en y para sí. Cuando se oye decir que la libertad en general consiste en poder hacer lo que se quiera, tal representación solo puede tomarse por una total falta de formación del pensamiento, en la cual todavía no se encuentra el menor atisbo de lo que son la voluntad libre en y para sí, el derecho, la eticidad, etc. La reflexión, la universalidad y unidad formales de la autoconciencia, es la certeza abstracta que la voluntad tiene de su libertad, pero todavía no es la verdad de esta, porque todavía no se tiene a sí misma por contenido y fin, de modo que el lado subjetivo es todavía algo distinto del objetivo; por eso, el contenido de esta autodeterminación sigue siendo también, pura y simplemente, solo algo finito. |26| El arbitrio, en lugar de ser la voluntad en su verdad, es más bien la voluntad como la contradicción. — En la controversia sostenida principalmente en la época de la metafísica wolffiana sobre si la voluntad es efectivamente libre o si el saber de su libertad es solo una ilusión, era el arbitrio lo que se tenía a la vista. El determinismo ha opuesto con razón a la certeza de aquella autodeterminación abstracta el contenido, que, en cuanto hallado, no está contenido en aquella certeza y por eso le viene de fuera, aunque este afuera sea el impulso, la representación, en general la conciencia llenada, del modo que sea, de tal manera que el contenido no es lo propio de la actividad autodeterminante como tal. Puesto que, con esto, solo el elemento formal de la libre autodeterminación es inmanente al arbitrio, mientras que el otro elemento es algo dado a este, el arbitrio puede ciertamente, si ha de ser la libertad, ser llamado una ilusión. La libertad en toda filosofía de la reflexión, como en la kantiana y luego [en] la consumada superficialización friesiana de la kantiana, no es otra cosa que aquella autoactividad formal.

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