La posibilidad de participar en el patrimonio universal, el patrimonio particular, está, sin embargo, condicionada, en parte por una base propia inmediata (capital), en parte por la habilidad, la cual, a su vez, está ella misma condicionada por aquel, pero luego también por las circunstancias contingentes, cuya multiplicidad produce la diversidad en el desarrollo de las disposiciones naturales, corporales y espirituales, ya de por sí desiguales — una diversidad que se manifiesta, en esta esfera de la particularidad, en todas las direcciones y desde todos los grados, y que, junto con la restante contingencia y el arbitrio, tiene por consecuencia necesaria la desigualdad del patrimonio y de las habilidades de los individuos.
Oponer al derecho de la particularidad del espíritu, derecho objetivo contenido en la Idea —el cual, en la sociedad civil, no solo no suprime la desigualdad de los seres humanos puesta por la naturaleza, elemento de la desigualdad, sino que la produce a partir del espíritu y la eleva a una desigualdad de la habilidad, del patrimonio e incluso de la formación intelectual y moral—, la exigencia de la igualdad pertenece al entendimiento vacío, que toma este su abstracto y su deber-ser por lo real y racional. Esta esfera de la particularidad, que forma en sí lo universal, conserva en sí, en esta identidad solo relativa con él, tanto la particularidad natural como la arbitraria, y con ello el resto del estado de naturaleza. |201| Es, además, la razón inmanente al sistema de necesidades humanas y a su movimiento la que lo articula en un todo orgánico de diferencias; véase el § siguiente.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.