El individuo solo se da efectividad entrando en la existencia en general y, por tanto, en la particularidad determinada, con lo cual se limita exclusivamente a una de las esferas particulares de la necesidad. La disposición de ánimo ética en este sistema es, por ello, la rectitud y el honor estamental: hacerse, y ello por determinación propia, mediante su actividad, su diligencia y su habilidad, miembro de uno de los momentos de la sociedad civil y mantenerse como tal, y velar por sí mismo solo mediante esta mediación con lo universal, así como ser, por ello, reconocido en su representación y en la representación de otros. — La moralidad tiene su lugar peculiar en esta esfera, donde predomina la reflexión sobre el propio obrar, el fin de las necesidades particulares y del bienestar, y donde la contingencia en la satisfacción de estas convierte también en deber una ayuda contingente y singular.
|206| Que el individuo, en un primer momento (es decir, sobre todo en la juventud), se resista a la representación de decidirse por un estamento particular y considere esto como una limitación de su determinación universal y como una necesidad meramente exterior, reside en el pensamiento abstracto, que se detiene en lo universal y, con ello, en lo inefectivo, y no reconoce que, para existir, el concepto en general entra en la diferencia entre el concepto y su realidad y, con ello, en la determinidad y la particularidad (véase § 7), y que solo así puede alcanzar efectividad y objetividad ética.

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