|19| γ) La voluntad es la unidad de estos dos momentos; — la particularidad reflejada en sí misma y por ello reconducida a la universalidad; — singularidad; la autodeterminación del Yo, que consiste, a la vez, en ponerse como lo negativo de sí mismo, a saber, como determinado, limitado, y en permanecer junto a sí, es decir, en su identidad consigo mismo y su universalidad, y en unirse, en la determinación, solo consigo mismo. — El Yo se determina en la medida en que es la relación de la negatividad consigo misma; en cuanto esta relación consigo mismo, es igualmente indiferente frente a esta determinidad, la sabe como suya y como ideal, como una mera posibilidad por la que no está ligado, sino en la que solo es porque se pone en ella. — Esta es la libertad de la voluntad, que constituye su concepto o sustancialidad, su gravedad, así como la gravedad constituye la sustancialidad del cuerpo.
Toda autoconciencia se sabe a sí misma como universal — como la posibilidad de abstraer de todo lo determinado —, y como particular, con un objeto, contenido y fin determinados. Sin embargo, estos dos momentos son solo abstracciones; lo concreto y verdadero (y todo lo verdadero es concreto) es la universalidad que tiene por contrapuesto lo particular, el cual, empero, mediante su reflexión en sí, está conciliado con lo universal. — Esta unidad es la singularidad1, pero no en su inmediatez como uno, tal como la singularidad es en la representación, sino según su concepto (Enciclopedia de las ciencias filosóficas, § 112-114)2, — o esta singularidad no es propiamente otra cosa que el concepto mismo. |20| Aquellos dos primeros momentos — que la voluntad pueda abstraer de todo y que también sea determinada, por sí misma o por otra cosa — se admiten y se captan fácilmente, porque, tomados por sí, son momentos no verdaderos y momentos del entendimiento; pero el tercero, lo verdadero y especulativo (y todo lo verdadero, en la medida en que es concebido, solo puede pensarse especulativamente), es aquello en lo que se niega a entrar el entendimiento, que llama siempre precisamente al concepto lo inconcebible. La demostración y la discusión más detallada de este núcleo más íntimo de la especulación, de la infinitud como negatividad que se refiere a sí misma, de este último punto de origen de toda actividad, vida y conciencia, pertenece a la Lógica como filosofía puramente especulativa. 3 — Aquí solo cabe observar todavía que, cuando se dice: la voluntad es universal, la voluntad se determina, ya se expresa la voluntad como un sujeto o sustrato presupuesto; pero ella no es algo acabado y universal antes de su determinar y antes de la supresión y la idealidad de este determinar, sino que solo es voluntad en cuanto esta actividad que se media en sí misma y en cuanto retorno a sí.

- Ejemplar personal de Hegel. mejor: subjetividad ↩︎
- Enciclopedia, 3.ª ed., § 163–165 ↩︎
- Hegel no indica ningún pasaje. Se quiere decir la negatividad absoluta: la negación que se refiere a sí misma y en ello no se aniquila, sino que permanece junto a sí — precisamente esto es también el concepto de la infinitud verdadera (Enciclopedia, 3.ª ed., § 95, § 160 y s.). — Véase al respecto «Grammatik der logischen Begriffe» (en alemán): Negativität y unendlich. ↩︎

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