b. La existencia de la ley
La obligatoriedad frente a la ley encierra, por el lado del derecho de la autoconciencia (§ 132, con la Observación), la necesidad de que las leyes se hagan universalmente conocidas.
|214| Colgar las leyes tan alto, como hizo Dionisio el Tirano, que ningún ciudadano pudiera leerlas — o bien enterrarlas en el prolijo aparato de libros eruditos, de colecciones de decisiones de sentencias y opiniones divergentes — de costumbres, etc., y además en una lengua extranjera, de modo que el conocimiento del derecho vigente solo sea accesible a quienes se dedican a él con erudición — es uno y el mismo entuerto. — Los gobernantes que han dado a sus pueblos, aunque solo fuera una recopilación informe, como Justiniano, pero más aún un derecho territorial, en cuanto código de leyes ordenado y determinado, no solo se han convertido en sus mayores bienhechores y han sido ensalzados por ellos con gratitud por ello, sino que con ello han ejercido un gran acto de justicia.

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