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Para el código de leyes público se han de exigir, por un lado, determinaciones simples y universales; por otro, la naturaleza de la materia finita conduce a una determinación ulterior sin fin. El ámbito de las leyes debe ser, por un lado, un todo acabado y cerrado; por otro, existe la necesidad continua de nuevas determinaciones legales. Pero, puesto que esta antinomia recae en la especialización de los principios universales, que permanecen firmes, queda con ello intacto el derecho a un código de leyes acabado, así como a que estos principios universales simples, para sí, distinguidos de su especialización, sean aprehensibles y susceptibles de ser establecidos.

|215| Una fuente principal del enredo de la legislación es, ciertamente, que en las instituciones originarias, que contienen un entuerto y son, por ello, meramente históricas, penetre con el tiempo lo racional, lo jurídico en y para sí, como se ha observado más arriba (§ 180, Observación) en el caso de las romanas, en el antiguo derecho feudal, etc. Pero es esencial comprender que la naturaleza misma de la materia finita trae consigo que en ella la aplicación incluso de las determinaciones racionales en y para sí, universales en sí mismas, conduzca al progreso hasta el infinito. — Exigir de un código de leyes la perfección de que sea algo absolutamente acabado, incapaz de una determinación ulterior — exigencia que es principalmente una enfermedad alemana —, y, por el motivo de que no pueda llegar a ser así de perfecto, no dejar que llegue a algo llamado imperfecto, es decir, a la efectividad: ambas cosas descansan sobre el desconocimiento de la naturaleza de los objetos finitos, como es el derecho privado, en los cuales la llamada perfección es el perennizarse de la aproximación, y sobre el desconocimiento de la diferencia entre lo universal de la razón y lo universal del entendimiento, y de la aplicación de este último a la materia de la finitud y de la singularidad, que avanza hasta el infinito. — Le plus grand ennemi du Bien c’est le Meilleur — es la expresión del verdadero y sano sentido común frente al [entendimiento] vano que razona y reflexiona.

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