El lado subjetivo, a saber, que este individuo, de entre varios, de los cuales, puesto que aquí lo objetivo no reside (como, por ejemplo, en el arte) en la genialidad, hay necesariamente, de manera indeterminada, varios, entre los cuales la preferencia no es nada absolutamente determinable, sea elegido y nombrado para un cargo y facultado para la conducción del negocio público — esta vinculación del individuo y del cargo, como dos lados que para sí son siempre contingentes el uno respecto del otro, corresponde al poder principesco, en cuanto poder del Estado decisorio y soberano.

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