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El aseguramiento del Estado y de los gobernados contra el abuso del poder por parte de las autoridades y de sus funcionarios reside, por un lado, inmediatamente en su jerarquía y responsabilidad, y, por otro, en la legitimación de los municipios, corporaciones, en cuanto es por medio de ella como se contiene, para sí, la injerencia del arbitrio subjetivo en el poder confiado a los funcionarios, y se completa desde abajo el control desde arriba, que no alcanza al comportamiento singular.

En el comportamiento y en la formación de los funcionarios reside el punto en el cual las leyes y decisiones del gobierno tocan a la singularidad y se hacen valer en la efectividad. |304| Este es, por tanto, el lugar del que dependen la satisfacción y la confianza de los ciudadanos en el gobierno, así como la ejecución o el debilitamiento y la frustración de sus propósitos, y ello por cuanto el modo de la ejecución es fácilmente tenido, por el sentimiento y la disposición de ánimo, en tan alta estima como el contenido mismo de lo que ha de ejecutarse, el cual puede ya por sí mismo contener una carga. En la inmediatez y personalidad de este contacto reside el que el control desde arriba alcance su fin, por este lado, de manera más incompleta; un fin que puede encontrar también obstáculos en el interés común de los funcionarios en cuanto estamento que se cohesiona frente a los subordinados y frente a los superiores, obstáculos cuya eliminación, sobre todo allí donde las instituciones sean acaso, por lo demás, todavía más imperfectas, requiere y legitima la intervención superior de la soberanía (como, por ejemplo, la de Federico II en el caso Müller-Arnold, al que se ha hecho tristemente célebre).

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