La opinión pública merece, por ello, tanto ser estimada como ser despreciada: esto último, según su conciencia y su manifestación concretas; lo primero, según su fundamento esencial, que, más o menos enturbiado, solo se trasluce en aquello concreto. |325| Puesto que no tiene en sí misma la medida de la distinción ni la capacidad de elevar dentro de sí el lado sustancial a saber determinado, la independencia respecto de ella es la primera condición formal para algo grande y racional (tanto en la efectividad como en la ciencia). Esto, por su parte, puede estar seguro de que ella, con el tiempo, lo aceptará, lo reconocerá y lo convertirá en uno de sus prejuicios.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.