La voluntad contiene α) el elemento de la pura indeterminación o de la pura reflexión del Yo en sí mismo, en la cual queda disuelta toda limitación, todo contenido inmediatamente presente por la naturaleza, las necesidades, los deseos y los impulsos, o dado y determinado por cualquier medio que sea; la infinitud sin límites de la abstracción absoluta o universalidad, el puro pensar de sí mismo.
|17| Quienes consideran el pensar como una facultad particular y peculiar, separada de la voluntad como otra facultad igualmente peculiar, y que incluso llegan a considerar el pensar como perjudicial para la voluntad, en especial para la buena voluntad, muestran de inmediato, desde el principio, que no saben absolutamente nada de la naturaleza de la voluntad; observación que habrá que hacer todavía más de una vez a propósito del mismo objeto. — Si uno de los lados de la voluntad, el aquí determinado — esta posibilidad absoluta de poder abstraer de toda determinación en la que me encuentro o que he puesto en mí, la huida de todo contenido en cuanto límite —, es aquello a lo que la voluntad se determina, o aquello que la representación, tomándolo aisladamente, retiene como la libertad, entonces esta es la libertad negativa o la libertad del entendimiento. — Es la libertad del vacío, que se eleva a figura efectiva y a pasión, y que, permaneciendo meramente teórica, se convierte en lo religioso en el fanatismo de la pura contemplación india, pero que, al volverse hacia la efectividad, se convierte, tanto en lo político como en lo religioso, en el fanatismo de la destrucción de todo orden social existente y en la eliminación de los individuos sospechosos de favorecer un orden, así como en la aniquilación de toda organización que quiera volver a surgir. Solo destruyendo algo tiene esta voluntad negativa el sentimiento de su existencia; cree acaso querer algún estado positivo, por ejemplo, el estado de la igualdad universal o el de una vida religiosa universal, pero de hecho no quiere la efectividad positiva del mismo, pues esta trae consigo de inmediato algún orden, una particularización tanto de instituciones como de individuos; pero es precisamente de la aniquilación de la particularización y de la determinación objetiva de donde surge la autoconciencia de esta libertad negativa. Así, lo que ella cree querer no puede ser ya de por sí más que una representación abstracta, y su realización no puede ser sino la furia de la destrucción.


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