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Lo peculiar de la producción espiritual puede, por el modo de su exteriorización, convertirse inmediatamente en tal exterioridad de una cosa, que ahora puede ser producida igualmente por otros; de modo que, con la adquisición de esta, el nuevo propietario, además de poder apropiarse con ello de los pensamientos comunicados o del invento técnico —posibilidad que, en parte (en las obras literarias), constituye la única determinación y el valor de la adquisición—, entra a la vez en posesión del modo universal de exteriorizarse así y de producir tales cosas en múltiples ejemplares.

|71| En las obras de arte, la forma que plasma en imagen el pensamiento en un material exterior es, en cuanto cosa, hasta tal punto lo peculiar del individuo productor, que una imitación de ella es esencialmente producto de la propia habilidad espiritual y técnica. En una obra literaria, la forma por la cual esta es una cosa exterior es, al igual que en la invención de un dispositivo técnico, de índole mecánica — allí, porque el pensamiento se presenta solo en una serie de signos abstractos aislados, no en una figuración concreta; aquí, porque tiene en general un contenido mecánico —, y el modo de producir tales cosas como cosas pertenece a las destrezas ordinarias. — Entre los extremos de la obra de arte y de la producción artesanal hay, por lo demás, transiciones que tienen en sí ya más, ya menos del uno o del otro.

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