La totalidad abarcadora de la actividad exterior, la vida, no es, frente a la personalidad —la cual es ella misma esta e inmediata—, algo exterior. La enajenación o el sacrificio de la vida es más bien lo contrario de la existencia de esta personalidad. |75| Yo no tengo, por eso, en general ningún derecho a tal enajenación, y solo una Idea ética —en la cual esta personalidad inmediatamente singular ha perecido en sí, y que es su poder efectivo— tiene derecho a ella, de modo que a la vez, así como la vida como tal es inmediata, también la muerte es la negatividad inmediata de ella, y por eso ha de recibirse desde fuera, como un hecho natural, o, al servicio de la Idea, de mano ajena.

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