Los Estados, pueblos e individuos, en este negocio del espíritu del mundo, se levantan según su principio particular determinado, que tiene su exposición y su realidad en su Constitución y en toda la amplitud de su estado, del cual son conscientes y en cuyo interés están sumidos, siendo a la vez, sin conciencia de ello, instrumentos y miembros de aquel negocio interior, en el cual estas figuras perecen, mientras que el espíritu en y para sí se prepara y elabora el tránsito a su siguiente etapa superior.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.