§ 147

Por otro lado, no le son al sujeto algo extraño, sino que el espíritu da testimonio de ellas como de su propia esencia, en la cual tiene su sentimiento de sí y vive en ellas como en su elemento no diferenciado de sí — una relación que es, de manera inmediata, todavía más idéntica que incluso la fe y la confianza.

La fe y la confianza pertenecen a la reflexión incipiente y presuponen una representación y una diferencia; como sería, por ejemplo, distinto creer en la religión pagana y ser pagano. Aquella relación, o más bien [la] identidad sin relación, en la cual lo ético es la vitalidad efectiva de la autoconciencia, puede, ciertamente, pasar a una relación de fe y convicción, y a una mediada por una reflexión ulterior, a una intelección por razones, que también pueden partir de ciertos fines, intereses y consideraciones particulares, del temor o de la esperanza, o de presupuestos históricos. Pero el conocimiento adecuado de la misma pertenece al concepto pensante.

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