La particularidad para sí, por un lado, en cuanto satisfacción de sus necesidades, del arbitrio contingente y del capricho subjetivo, que se explaya por todos los lados, se destruye a sí misma y a su concepto sustancial en sus goces; por otro, en cuanto infinitamente excitada y limitada, en dependencia completa, por la contingencia y el arbitrio exteriores, así como por el poder de la universalidad, la satisfacción tanto de la necesidad necesaria como de la contingente es contingente. La sociedad civil ofrece, en estas oposiciones y en su enredo, el espectáculo igualmente del desenfreno, de la miseria y de la corrupción física y ética común a ambos.
|189| El desarrollo independiente de la particularidad (cf. § 124, Observación) es el momento que se muestra, en los Estados antiguos, como la corrupción de las costumbres que irrumpe y como el fundamento último de su hundimiento. Estos Estados, edificados en parte sobre el principio patriarcal y religioso, en parte sobre el principio de una eticidad más espiritual, pero más simple — en general, sobre la intuición natural originaria —, no pudieron soportar la escisión de esta y la reflexión infinita de la autoconciencia en sí misma, y sucumbieron a esta reflexión, tan pronto como comenzó a manifestarse, primero en la disposición de ánimo y luego en la efectividad, porque a su principio, todavía simple, le faltaba la fuerza verdaderamente infinita que solo reside en aquella unidad que deja que la oposición de la razón se despliegue con todo su vigor, y la ha dominado, conservándose así en ella y manteniéndola unida en sí. — Platón, en su Estado, representa la eticidad sustancial en su belleza y verdad ideales; pero no logra habérselas con el principio de la particularidad independiente, que en su época había irrumpido en la eticidad griega, de otro modo que oponiéndole su Estado meramente sustancial y excluyéndolo por completo, hasta en sus comienzos, que tiene en la propiedad privada (§ 46, Observación) y en la familia, y luego en su desarrollo ulterior como el arbitrio propio y la elección del estamento, etc. Esta carencia es la que hace desconocer también la gran verdad sustancial de su Estado, y hace que se lo considere habitualmente como una ensoñación del pensamiento abstracto, como lo que a menudo incluso se suele llamar un ideal. |190| El principio de la personalidad independiente, infinita en sí misma, del individuo singular, de la libertad subjetiva, que ha surgido interiormente en la religión cristiana y exteriormente, y por ello vinculado con la universalidad abstracta, en el mundo romano, no llega a su derecho en aquella forma meramente sustancial del espíritu efectivo. Este principio es, históricamente, posterior al mundo griego, y del mismo modo la reflexión filosófica que desciende hasta esta profundidad es posterior a la Idea sustancial de la filosofía griega.

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