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Este contenido o la determinación distinta de la voluntad es en un primer momento inmediato. Así, la voluntad es libre solo en , o para nosotros, o es en general la voluntad en su concepto. Solo en cuanto la voluntad se tiene a sí misma por objeto1, es para lo que es en .

Según esta determinación, la finitud consiste en que lo que algo es en o conforme a su concepto es una existencia o apariencia distinta de lo que es para; así, p. ej., la exterioridad abstracta de la naturaleza es en el espacio, para en cambio el tiempo. Sobre esto hay que observar dos cosas: primero, que, puesto que lo verdadero es solo la Idea, si se aprehende un objeto o determinación solo tal como es en o en el concepto, aún no se lo tiene en su verdad; luego, que algo, tal como es en cuanto concepto o en, existe igualmente, y esta existencia es una configuración propia del objeto (como antes el espacio); la separación entre el ser-en-sí y el ser-para-sí, presente en lo finito, constituye a la vez su mera existencia o apariencia – (como pronto aparecerá, de manera inmediata, un ejemplo en la voluntad natural y luego en el derecho formal, etc.). El entendimiento se detiene en el mero ser-en-sí y llama así a la libertad, según este ser-en-sí, una facultad, puesto que de este modo es, en efecto, solo la posibilidad. Pero considera esta determinación como absoluta y perenne, y toma su relación con lo que ella quiere, y en general con su realidad, solo como una aplicación a una materia dada, que no pertenecería a la esencia misma de la libertad; de este modo tiene que ver solo con el abstractum, no con su Idea y verdad.

  1. [Manuscrito:] es decir, tiene por contenido y fin ↩︎

EN DE


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