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Mediante el resolver, la voluntad se pone como voluntad de un individuo determinado y como voluntad que se distingue hacia fuera frente a otro. Pero, además de esta finitud en cuanto conciencia (§ 8), la voluntad inmediata es formal en virtud de la diferencia entre su forma y su contenido (§ 11); solo le corresponde el resolver abstracto en cuanto tal, y el contenido no es todavía el contenido y la obra de su libertad.

|24| Para la inteligencia en cuanto pensante, el objeto y el contenido siguen siendo algo universal; ella misma se comporta como actividad universal. En la voluntad, lo universal tiene a la vez esencialmente el significado de lo mío, en cuanto singularidad, y, en la voluntad inmediata, es decir, formal, en cuanto singularidad abstracta, todavía no colmada de su libre universalidad. Por eso, en la voluntad comienza la finitud propia de la inteligencia, y solo porque la voluntad se eleva de nuevo al pensar y da a sus fines la universalidad inmanente, suprime la diferencia de la forma y del contenido y se hace voluntad objetiva, infinita. Poco entienden, por tanto, de la naturaleza del pensar y del querer quienes opinan que en la voluntad en general el hombre es infinito, pero que en el pensar él, o incluso la razón, es limitado. En la medida en que pensar y querer están todavía diferenciados, lo verdadero es más bien lo inverso, y la razón pensante es, en cuanto voluntad, esto: resolverse a la finitud.

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