En la medida en que, en la necesidad social, en cuanto enlace de la necesidad inmediata o natural con la necesidad espiritual de la representación, esta última se hace prevalecer como lo universal, reside en este momento social el lado de la liberación, a saber, que la estricta necesidad natural de la necesidad queda oculta, y el ser humano se refiere a su [necesidad] —y por cierto una opinión universal y una necesidad solo autoproducida, en lugar de solo exterior— a una contingencia interior, al arbitrio.
La representación de que el ser humano, en un llamado estado de naturaleza, en el cual solo tendría las llamadas necesidades naturales simples, y usaría, para su satisfacción, solo los medios que una naturaleza contingente le proporcionara inmediatamente, viviría en libertad respecto de las necesidades, es —incluso sin tener en cuenta todavía el momento de la liberación que reside en el trabajo, del cual se tratará después— una opinión falsa, porque la necesidad natural como tal, y su satisfacción inmediata, no serían sino el estado de la espiritualidad sumergida en la naturaleza, y con ello de la rudeza y la falta de libertad, mientras que la libertad reside únicamente en la reflexión de lo espiritual en sí mismo, en su distinción respecto de lo natural y en su reflejo sobre este.

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