Así como para el principio de la vida familiar la tierra, el suelo firme, es condición, así también, para la industria, el elemento natural que la anima hacia afuera es el mar. En el afán de la adquisición, precisamente por exponerla al peligro, se eleva a la vez por encima de ella, y sustituye el fijarse en el terrón de tierra y en los círculos limitados de la vida civil, sus goces y deseos, por el elemento de la fluidez, el peligro y la ruina. Así, además, por medio de este mayor medio de conexión, pone a países lejanos en la relación del comercio, una relación jurídica que introduce el contrato, comercio en el cual se encuentra, a la vez, el mayor medio de formación, y en el cual el comercio marítimo encuentra su significado histórico-universal.
Que los ríos no son fronteras naturales, como se ha pretendido hacerlos valer en tiempos recientes, sino que ellos, y del mismo modo los mares, más bien unen a los seres humanos; que es un pensamiento incorrecto cuando Horacio dice (Odas, I, 3): … deus abscidit / Prudens Oceano dissociabili / Terras …1 lo muestran no solo las cuencas de los ríos, habitadas por un [mismo] linaje o pueblo, sino también, por ejemplo, las demás relaciones de Grecia, Jonia y la Magna Grecia, [de] Bretaña y Britania, Dinamarca y Noruega, Suecia, Finlandia, Livonia, etc. — sobre todo también en contraste con la conexión menor de los habitantes de las tierras costeras con los del interior. — Pero, para saber qué medio de formación reside en la conexión con el mar, compárese la relación con el mar de las naciones en las que ha florecido la industria, con la de aquellas que se han prohibido a sí mismas la navegación y, como los egipcios, los indios, se han embotado en sí mismas y hundido en la superstición más terrible y vergonzosa — y cómo todas las grandes naciones que aspiran en sí mismas se dirigen hacia el mar.
- «… un dios previsor separó las tierras mediante el mar inhóspito…» ↩︎

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