A la cabeza de todas las acciones, y con ello también de las histórico-universales, están individuos, en cuanto subjetividades que realizan lo sustancial (Observación al § 279, p. 289). En cuanto vivientes de este hecho sustancial del espíritu del mundo, e inmediatamente idénticos con él, este les está oculto a ellos mismos, y no es objeto ni fin (§ 344); tampoco tienen el honor de este ni gratitud por parte de su mundo contemporáneo (mismo lugar), ni por parte de la opinión pública de la posteridad, sino que, en cuanto subjetividades formales, solo reciben, en esta opinión, su parte como gloria inmortal.

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