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La voluntad que es en y para sí es verdaderamente infinita, porque su objeto es ella misma, y por ello el mismo no es para ella ni un otro ni una barrera, sino que en él ella más bien solo ha retornado a sí. Además, no es mera posibilidad, disposición, facultad (potentia), sino lo efectivamente infinito (infinitum actu), porque la existencia del concepto, o su exterioridad objetiva, es lo interior mismo.

Por eso, cuando se habla solo de la voluntad libre como tal, sin la determinación de que es la voluntad libre en y para sí, se habla solo de la disposición de la libertad o de la voluntad natural y finita (§ 11), y precisamente con ello, a pesar de las palabras y de la opinión, no se habla de la voluntad libre. – Al concebir el entendimiento lo infinito solo como negativo y, con ello, como un más allá, cree honrar tanto más a lo infinito cuanto más lejos lo aparta de sí, hacia la lejanía, y lo aleja de sí como algo ajeno. En la voluntad libre, lo verdaderamente infinito tiene realidad y presencia; – ella misma es esta Idea presente en sí.

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