La voluntad, α) en la medida en que se tiene a sí misma por su determinación y así es conforme a su concepto y verdadera, es la voluntad absolutamente objetiva; β) pero la voluntad objetiva, en cuanto carente de la forma infinita de la autoconciencia, es la voluntad sumergida en su objeto o estado, tal como este esté constituido según su contenido – la voluntad infantil, ética, así como la esclava, supersticiosa, etc. γ) La objetividad es, finalmente, la forma unilateral, opuesta a la determinación subjetiva de la voluntad, es decir, la inmediatez de la existencia como existencia externa; la voluntad se hace objetiva en este sentido recién mediante la ejecución de sus fines.
Estas determinaciones lógicas de subjetividad y objetividad han sido expuestas aquí especialmente con la intención de observar expresamente, respecto de ellas, ya que en lo sucesivo se emplean con frecuencia, que a ellas les ocurre lo mismo que a otras diferencias y determinaciones de reflexión opuestas: en razón de su finitud y, por ende, de su naturaleza dialéctica, pasan a su opuesto. Sin embargo, a otras determinaciones de la oposición les queda fija su significación para la representación y el entendimiento, en la medida en que su identidad es todavía algo interior. En la voluntad, en cambio, tales oposiciones, que deben ser al mismo tiempo determinaciones abstractas de ella —la cual solo puede ser conocida como lo concreto—, conducen por sí mismas a esta identidad suya y a la confusión de sus significados, confusión que al entendimiento solo le sobreviene inconscientemente. – Así, la voluntad, en cuanto libertad que es en sí misma, es la subjetividad misma; esta es, por tanto, su concepto y así su objetividad; la finitud, en cambio, es su subjetividad en oposición a la objetividad; pero precisamente en esta oposición la voluntad no está consigo misma, sino enredada con el objeto, y su finitud consiste igualmente en no ser subjetiva, etc. – Por eso, qué significado deba tener en lo sucesivo lo subjetivo o lo objetivo de la voluntad ha de resultar cada vez del contexto, que contiene su posición con respecto a la totalidad.

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