§ 289

El mantenimiento del interés universal del Estado y de lo legal en estos derechos particulares, y la reconducción de estos a aquel, requiere una atención por medio de delegados del poder de gobierno, los funcionarios ejecutivos del Estado, y las instancias consultivas superiores, en la medida en que están constituidas colegialmente, que confluyen en las cimas supremas que tocan al monarca.

Así como la sociedad civil es el campo de batalla del interés privado individual de todos contra todos, así tiene aquí su sede el conflicto de este contra los asuntos particulares comunitarios, y este junto con aquel contra los puntos de vista y disposiciones superiores del Estado. El espíritu de corporación, que se genera en la legitimación de las esferas particulares, se convierte a la vez, en sí mismo, en el espíritu del Estado, en la medida en que tiene en el Estado el medio de la conservación de los fines particulares. Este es el secreto del patriotismo de los ciudadanos según este lado: que saben al Estado como su sustancia, porque este conserva sus esferas particulares, la legitimación y autoridad de estas, así como su bienestar. En el espíritu de corporación, puesto que contiene inmediatamente el enraizamiento de lo particular en lo universal, reside, en esa medida, la profundidad y la fuerza del Estado que este tiene en la disposición de ánimo. La administración de los asuntos de corporación por sus propios superiores será, con frecuencia, torpe, puesto que estos, aunque conocen y tienen ante sí sus intereses y asuntos propios, conocen de modo más incompleto la conexión de las condiciones más lejanas y los puntos de vista universales — además de que otras circunstancias contribuyen a ello, por ejemplo, el contacto privado cercano y la igualdad por lo demás de los superiores con quienes deben estar subordinados a ellos, su dependencia más diversa, etc. Pero esta esfera propia puede considerarse como entregada al momento de la libertad formal, donde el propio conocer, decidir y ejecutar, así como las pequeñas pasiones e imaginaciones, tienen un campo de recreo donde desenvolverse — y esto tanto más cuanto menos importancia tenga para lo más universal del Estado el contenido del asunto que, por ello, se atiende de manera arruinada, menos buena, más penosa, etc., y cuanto más esté la atención penosa o necia de tal asunto insignificante en relación directa con la satisfacción y la opinión de sí mismo que de ella se extrae.

EN DE

Comentarios

Deja una respuesta