§ 104

Transición del derecho a la moralidad

El delito y la justicia vengadora presentan, en efecto, la figura del desarrollo de la voluntad tal como ha salido a la distinción entre lo universal en sí y lo singular, que es para sí frente a aquel, y, además, tal como la voluntad que es en sí, mediante la supresión de esta oposición, ha retornado a sí y con ello se ha hecho, ella misma, para sí y efectiva. Así, el derecho es y vale, acreditado frente a la voluntad singular meramente para sí, como efectivo por su necesidad. – Esta configuración es, a la vez, igualmente la determinidad conceptual interior, más desarrollada, de la voluntad. Según su concepto, su realización consiste en esto: en suprimir en sí misma el ser-en-sí y la forma de la inmediatez en que en un principio se encuentra, y que tiene como figura en el derecho abstracto (§ 21) — poniéndose, pues, primero en la oposición entre la voluntad universal en sí y la voluntad singular para sí, y luego, mediante la supresión de esta oposición, la negación de la negación, determinándose como voluntad en su existencia, de tal modo que no sea solo voluntad libre en sí, sino para sí misma, como negatividad que se refiere a sí. Su personalidad, que es lo único que la voluntad es en el derecho abstracto, tiene esta ahora, por tanto, por su objeto; la subjetividad así para sí infinita de la libertad constituye el principio del punto de vista moral.

Si observamos más de cerca los momentos por los cuales el concepto de la libertad se desarrolla desde la determinidad, en un principio abstracta, de la voluntad, hacia la determinidad que se refiere a sí misma, y con ello hacia la autodeterminación de la subjetividad, entonces esta determinidad es, en la propiedad, lo mío abstracto, y por ello está en una cosa exterior; en el contrato, es lo mío mediado por la voluntad y solo común; en el entuerto, la voluntad de la esfera del derecho, su ser-en-sí abstracto o inmediatez, está puesta como contingencia por la voluntad singular, ella misma contingente. En el punto de vista moral, esta contingencia queda así superada, en cuanto que esta contingencia misma, en cuanto reflejada en sí e idéntica consigo, es la contingencia infinita, que es en sí, de la voluntad, su subjetividad.

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