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Transición del derecho a la moralidad

El delito y la justicia vengadora presentan, en efecto, la figura del desarrollo de la voluntad en cuanto que ha salido a la distinción entre la voluntad universal que es en sí y la voluntad singular que es para sí frente a aquella, y presentan, además, que la voluntad que es en sí, mediante la supresión de esta oposición, ha retornado a sí y con ello se ha hecho ella misma para sí y efectiva. Así, el derecho es y vale, acreditado frente a la voluntad singular que es meramente para sí, como efectivo por su necesidad. — Esta configuración es, a la vez, igualmente la determinidad conceptual interior, más desarrollada, de la voluntad. Según su concepto, su realización en ella misma consiste en esto: haber suprimido el ser-en-sí y la forma de la inmediatez en que ella es en un principio y que tiene como figura en el derecho abstracto (§ 21) — por tanto, ponerse primero en la oposición entre la voluntad universal que es en sí y la voluntad singular que es para sí, y luego, mediante la supresión de esta oposición, la negación de la negación, determinarse como voluntad en su existencia, de modo que no es solo voluntad libre en sí, sino para sí misma, como negatividad que se refiere a sí. Su personalidad, que en el derecho abstracto la voluntad solamente es, la tiene esta ahora, así, por objeto; la subjetividad de la libertad, así infinita para sí, constituye el principio del punto de vista moral.

|104| Si volvemos la mirada, más de cerca, sobre los momentos por los cuales el concepto de la libertad se desarrolla desde la determinidad de la voluntad, en un principio abstracta, hasta la determinidad que se refiere a sí misma, y con ello hasta la autodeterminación de la subjetividad, entonces esta determinidad es, en la propiedad, lo mío abstracto, y por ello está en una cosa exterior — en el contrato, lo mío mediado por la voluntad y solo común — en el entuerto, la voluntad de la esfera del derecho, su ser-en-sí abstracto o inmediatez, está puesta como contingencia por la voluntad singular, ella misma contingente. En el punto de vista moral, esta queda superada de tal modo que esta contingencia misma, en cuanto reflejada en sí e idéntica consigo, es la contingencia infinita, que es dentro de sí, de la voluntad: su subjetividad.

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