Transición de la moralidad a la eticidad
Para el bien, en cuanto la sustancia de la libertad, todavía falta la subjetividad, y para esta, tal como se determinó dentro de la moralidad para sí misma, falta la objetividad y universalidad en sí (§ 108); ambas ideas incompletas tienen su verdad solo la una en la otra completa, es decir, el bien no solo tiene, en la subjetividad abstracta, su determinación absoluta esencial, sino que la subjetividad no tiene, en su universalidad abstracta, tampoco la determinación absoluta esencial del bien, y así ambas mismas —la particularidad de la voluntad y su fin subjetivo determinado por sí— son suprimidas, siendo entonces lo malo, en cuanto absolutamente carente de verdad, en cuanto sublevarse contra el bien mismo. Esto suprimido demuestra que la subjetividad de la voluntad, en cuanto absolutamente pura para sí, y el bien, en cuanto lo universal abstracto para sí, son solo idealidades, es decir, no son lo verdadero, sino solo esto: lo verdadero es solo la unidad de la voluntad subjetiva con el bien mismo verdadero, con lo cual esta unidad es la sustancia sustancial, y esta unidad es la realidad e identidad concreta del bien y de la voluntad subjetiva — la eticidad.

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