En la medida en que la subjetividad constituye ahora la determinidad del concepto, y está distinguida de este como tal, de la voluntad que es en sí — y ello en cuanto la voluntad del sujeto, en cuanto singular que es para sí, es a la vez (tiene todavía en sí la inmediatez) —, constituye la existencia del concepto. – Con ello se ha determinado, para la libertad, un terreno superior; en la Idea, el lado de la existencia, o su momento real, es ahora la subjetividad de la voluntad. Solo en la voluntad, en cuanto subjetiva, puede la libertad, o la voluntad que es en sí, ser efectiva.
La segunda esfera, la moralidad, presenta, por ello, en su conjunto el lado real del concepto de la libertad, y el proceso de esta esfera consiste en suprimir la voluntad, en un principio solo para sí, que es inmediatamente idéntica en sí solo con la voluntad en sí o universal, según esta diferencia en la cual se ahonda en sí misma, y en ponerla, para sí, como idéntica con la voluntad que es en sí. Este movimiento es, por tanto, la elaboración de este nuevo terreno de la libertad, la subjetividad — que, siendo en un principio abstracta, es decir, distinta del concepto, ha de hacerse igual a él, y con ello obtener, para la Idea, su verdadera realización — de modo que la voluntad subjetiva se determine como igualmente objetiva, y por tanto verdaderamente concreta.

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