Como punto de partida subjetivo del matrimonio puede aparecer más bien la inclinación particular de las dos personas que entran en esta relación, o la previsión y disposición de los padres, etc.; pero el punto de partida objetivo es el libre consentimiento de las personas, y precisamente para constituir una sola persona, para renunciar a su personalidad natural y singular en aquella unidad, la cual, según esta consideración, es una autolimitación, pero, precisamente porque en ella ganan su autoconciencia sustancial, es su liberación.
La determinación objetiva, es decir, el deber ético, es entrar en el estado matrimonial. Cómo esté constituido el punto de partida exterior es, por su naturaleza, contingente, y depende en particular del grado de formación de la reflexión. Los extremos en esto son, por un lado, que la disposición de los padres bien intencionados haga el comienzo, y que en las personas destinadas a la unión de amor entre sí surja la inclinación a partir de que se conocen como destinadas a ello; por otro, que la inclinación aparezca primero en las personas mismas, en cuanto estas infinitamente particularizadas. — Aquel extremo, o en general el camino en el cual la decisión de casarse hace el comienzo y trae por consecuencia la inclinación, de modo que en el matrimonio efectivo ambas cosas quedan unidas, puede considerarse el camino más ético. — En el otro extremo es la peculiaridad infinitamente particular la que hace valer sus pretensiones, y que está en conexión con el principio subjetivo del mundo moderno (véase más arriba § 124, Observación). — Pero en los dramas modernos y otras representaciones artísticas en las que el amor entre los sexos constituye el interés fundamental, el elemento de frialdad penetrante que en ellas se encuentra se introduce en el calor de la pasión representada por medio de la total contingencia con ella vinculada, a saber, en cuanto se representa el interés entero como fundado únicamente en estos [dos individuos], lo cual bien puede tener importancia infinita para estos, pero no la tiene en sí.

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