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Considerados como órgano mediador, los estamentos están entre el gobierno en general, por un lado, y el pueblo disuelto en las esferas particulares y los individuos, por otro. Su determinación exige de ellos, tanto el sentido y la disposición de ánimo del Estado y del gobierno, como los de los intereses de los círculos particulares y de los singulares. A la vez, esta posición tiene el sentido de una mediación comunitaria con el poder de gobierno organizado, de modo que ni el poder principesco, en cuanto extremo, aparezca aislado y, con ello, como mero poder dominador y arbitrio, ni tampoco que los intereses particulares de los municipios, corporaciones e individuos se aíslen, ni, más aún, que los singulares no lleguen a la presentación de una multitud y un montón, es decir, a un opinar y querer así inorgánico, y a un poder meramente masivo contra el Estado orgánico.

Pertenece a las intelecciones lógicas más importantes que un momento determinado, que tiene, en cuanto contrapuesto, la posición de un extremo, deja de serlo, y es momento orgánico, precisamente por ser a la vez medio. En el objeto aquí considerado, es tanto más importante resaltar este lado, porque pertenece a los prejuicios frecuentes, pero sumamente peligrosos, representarse a los estamentos principalmente desde el punto de vista de la oposición frente al gobierno, como si esta fuera su posición esencial. Orgánico, es decir, incorporado a la totalidad, el elemento estamental solo se demuestra por medio de la función de la mediación. Con ello, la oposición misma queda rebajada a una apariencia. Si esta, en la medida en que tiene su fenómeno, no afectara solo a la superficie, sino que se convirtiera realmente en una oposición sustancial, entonces el Estado estaría en camino a su ocaso. — El signo de que el conflicto no es de esta índole resulta, según la naturaleza de la cosa, de que sus objetos no atañan a los elementos esenciales del organismo estatal, sino a cosas más específicas y más indiferentes, y de que la pasión que sin embargo se vincula a este contenido se convierta en espíritu de partido en torno a un interés meramente subjetivo, por ejemplo, en torno a los cargos superiores del Estado.

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