En la exigencia de la purificación de los impulsos está contenida la representación general de que estos deben ser liberados de la forma de su determinidad natural inmediata y de lo subjetivo y contingente de su contenido, y ser reconducidos a su esencia sustancial. Lo verdadero de esta exigencia indeterminada es que los impulsos sean el sistema racional de la determinación de la voluntad; concebirlos así a partir del concepto es el contenido de la ciencia del derecho.
El contenido de esta ciencia puede exponerse, en todos sus momentos particulares – p. ej., derecho, propiedad, moralidad, familia, Estado, etc. -, en la forma de que el hombre tenga por naturaleza el impulso al derecho, también el impulso a la propiedad, a la moralidad, también el impulso del amor entre los sexos, el impulso a la sociabilidad, etc. Si en lugar de esta forma de la psicología empírica se quiere tener, de manera más distinguida, una figura filosófica, esta se obtiene, según lo que, como se observó antes, ha valido y todavía vale en los tiempos recientes por filosofía, de manera barata, diciendo que el hombre encuentra en sí, como hecho de su conciencia, que quiere el derecho, la propiedad, el Estado, etc. Más adelante aparecerá otra forma de este mismo contenido, que aquí se presenta en figura de impulsos, a saber, la de los deberes.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.