γ) La voluntad es la unidad de estos dos momentos; – la particularidad reflejada en sí misma y por ello reconducida a la universalidad; – individualidad; la autodeterminación del Yo, que consiste, a la vez, en ponerse como lo negativo de sí mismo, a saber, como determinado y limitado, y en permanecer junto a sí, es decir, en su identidad consigo mismo y su universalidad, y en la determinación de unirse solo consigo mismo. – El Yo se determina en la medida en que es la relación de la negatividad consigo misma; en cuanto esta relación consigo mismo, es a la vez indiferente frente a esta determinidad, la conoce como suya propia y como ideal, como una mera posibilidad por la que no está ligado, sino en la que solo está porque se pone en ella. – Esta es la libertad de la voluntad, que constituye su concepto o sustancialidad, su gravedad, así como la gravedad constituye la sustancialidad del cuerpo.
Toda autoconciencia se sabe a sí misma como universal – como la posibilidad de abstraer de todo lo determinado -, y como particular, con un objeto, contenido y fin determinados. Sin embargo, estos dos momentos son solo abstracciones; lo concreto y verdadero (y todo lo verdadero es concreto) es la universalidad, que tiene como contrapuesto lo particular, pero que, mediante su reflexión en sí, queda conciliada con lo universal. – Esta unidad es la individualidad1, pero no en su inmediatez como un uno, tal como la individualidad es en la representación, sino según su concepto (Enciclop. de las ciencias filosóficas, §§ 112-114), – o esta individualidad no es en realidad otra cosa que el concepto mismo. Aquellos dos primeros momentos – que la voluntad pueda abstraer de todo y que también sea determinada, ya sea por sí misma o por otra cosa -, se admiten y se captan fácilmente, porque son en sí momentos no verdaderos, momentos del entendimiento; pero el tercero, lo verdadero y especulativo (y todo lo verdadero, en la medida en que es comprendido, solo puede pensarse especulativamente), es aquello en lo que el entendimiento se niega a entrar, él, que llama siempre precisamente al concepto lo incomprensible. La demostración y la discusión más detallada de este núcleo más íntimo de la especulación, de la infinitud como negatividad que se refiere a sí misma, de este último punto de origen de toda actividad, vida y conciencia, pertenece a la Lógica como filosofía puramente especulativa. – Aquí solo cabe observar todavía que cuando se dice: la voluntad es universal, la voluntad se determina a sí misma, ya se expresa la voluntad como un sujeto o sustrato presupuesto, pero ella no es algo acabado y universal antes de su determinarse y antes de la supresión y la idealidad de este determinarse, sino que solo es voluntad en cuanto esta actividad que se media en sí misma y retorna a sí.

- [Manuscrito:] mejor: subjetividad ↩︎

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