Grundlinien der Philosophie des Rechts oder Naturrecht und Staatswissenschaft im Grundrisse

Para el uso de sus lecciones
por
D. Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Prefacio

[Párrafo 11]

En la importancia del modo y manera de filosofar, que por las circunstancias ha sido reavivada a los ojos de los gobiernos, no puede desconocerse el momento de protección y fomento del que el estudio de la filosofía parece haberse vuelto necesitado por muchos otros lados. |XVII| |XVIII| Pues si se lee en tantas producciones del ramo de las ciencias positivas, así como de la edificación religiosa y de otra literatura indeterminada, cómo en ellas no solo se manifiesta el desprecio hacia la filosofía antes mencionado, a saber, que quienes al mismo tiempo demuestran estar del todo atrasados en la formación del pensamiento y que la filosofía les es algo enteramente ajeno, la tratan sin embargo como algo ya zanjado para ellos — sino cómo allí mismo se arremete expresamente contra la filosofía y se declara su contenido, el conocimiento conceptual de Dios y de la naturaleza física y espiritual, el conocimiento de la verdad, una necia, más aún, pecaminosa presunción, cómo se acusa, se rebaja y se condena a la razón, y de nuevo a la razón, y en infinita repetición a la razón — o cómo al menos se da a entender lo incómodas que resultan, para gran parte del trajín que pretende ser científico, las exigencias, con todo ineludibles, del concepto —; si se tienen ante sí, digo, semejantes fenómenos, casi se podría dar cabida al pensamiento de que, desde este lado, la tradición ya no sería ni venerable ni suficiente para asegurar al estudio filosófico la tolerancia y la existencia pública.7)  Las declamaciones y presunciones contra la filosofía, corrientes en nuestro tiempo, ofrecen el singular espectáculo de que ellas, por esa superficialidad a la que esta ciencia ha sido degradada, por un lado tienen su razón y, por otro, arraigan ellas mismas en ese mismo elemento contra el que se dirigen ingratamente. Pues, al haber declarado aquel filosofar que así se autodenomina que el conocimiento de la verdad es un intento necio, así como el despotismo de los emperadores de Roma igualó nobleza y esclavos, virtud y vicio, honra y deshonra, saber e ignorancia, así también ha nivelado todos los pensamientos y todas las materias — de modo que los conceptos de lo verdadero, las leyes de lo ético, no son tampoco otra cosa que opiniones y convicciones subjetivas, y los principios más criminales quedan, en cuanto convicciones, puestos en igual dignidad que aquellas leyes; y de modo que, igualmente, cualquier objeto, por más vacío y particular que sea, y cualquier materia, por más insustancial que sea, quedan puestos en igual dignidad que aquello que constituye el interés de todos los hombres pensantes y los lazos del mundo ético.

7) Nota de Hegel. Semejantes puntos de vista me vinieron a la mente con motivo de una carta de Johannes von Müller (Obras [Tubinga, 1810-19], t. VIII, p. 56), donde se dice, entre otras cosas, acerca del estado de Roma en el año 1803, cuando esta ciudad se hallaba bajo dominio francés: «Preguntado por cómo estaban los establecimientos públicos de enseñanza, respondió un profesor: On les tolère comme les bordels.» — La llamada doctrina de la razón, es decir, la lógica, todavía se puede oír incluso recomendar, quizá con la convicción de que, siendo una ciencia seca e infructuosa, o bien de todos modos ya no se ocupa uno de ella, o bien, si esto sucede de vez en cuando, no se obtiene en ella más que fórmulas sin contenido, que por tanto nada dan ni nada corrompen, de modo que la recomendación en ningún caso podrá perjudicar, como tampoco servir de nada.

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