[Párrafo 9]
Puede señalarse aquí la forma particular de la mala conciencia que se manifiesta en el modo de la elocuencia hasta la cual se hincha esa superficialidad; a saber, en primer lugar, que allí donde está más desprovista de espíritu es donde más habla del espíritu; donde habla del modo más muerto y más correoso, es donde más emplea la palabra vida y llevar a la vida; donde manifiesta el mayor egoísmo de la vana soberbia, es donde más lleva en la boca la palabra pueblo. Pero la señal distintiva que lleva en la frente es el odio contra la ley. |XIV| Que el derecho y la eticidad, y el mundo efectivo del derecho y de lo ético, se capten mediante el pensamiento, que mediante el pensamiento se den la forma de la racionalidad, es decir, universalidad y determinidad, esto, la ley, es precisamente lo que aquel sentimiento que se reserva el propio antojo, aquella conciencia que coloca lo justo en la convicción subjetiva, considera con razón como lo que le es más hostil. La forma de lo justo como deber y como ley es sentida por él como una letra muerta, fría, y como un grillete; pues no se reconoce a sí mismo en ella ni, por tanto, se reconoce libre en ella, porque la ley es la razón de la cosa, y esta no permite al sentimiento calentarse en su propia particularidad. La ley es, por eso, como se ha observado en algún lugar en el curso de este manual6) , principalmente el shibboleth en el que se separan los falsos hermanos y amigos del llamado pueblo.
6) Hegel remite a su propia Observación al § 258; la nota que allí figura, «El libro mencionado es, por el carácter indicado, de índole original …», se halla en la primera edición de 1820 en las páginas 245–250 y no pertenece al prefacio.


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