Grundlinien der Philosophie des Rechts oder Naturrecht und Staatswissenschaft im Grundrisse

Para el uso de sus lecciones
por
D. Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Prefacio

[Párrafo 8]

En efecto, lo que hemos visto partir de la filosofía de los tiempos más recientes acerca del Estado, con la mayor pretensión, autorizaba sin duda a cualquiera que tuviera ganas de opinar a esta convicción: la de poder hacer él mismo, sin más, algo semejante, y dar con ello la prueba de estar en posesión de la filosofía. Por lo demás, la filosofía que así se autodenomina ha declarado expresamente que lo verdadero mismo no puede ser conocido, sino que es verdadero aquello que cada cual, sobre los objetos éticos, principalmente sobre el Estado, el gobierno y la constitución, deja surgir de su corazón, ánimo y entusiasmo. ¿Qué no se le ha dicho al oído, sobre esto, en especial a la juventud? Y la juventud, ciertamente, se lo ha tomado en serio. «A los suyos se lo da Él mientras duermen» se ha aplicado a la ciencia, y así cada dormido se ha contado entre los suyos; lo que así obtuvo en el sueño de los conceptos era, desde luego, mercancía a su altura. — Un caudillo de esta superficialidad que se llama filosofar, el señor Fries3) , no se avergonzó, en una ocasión pública solemne, hecha tristemente célebre, de exponer en un discurso sobre el Estado y la constitución del Estado la representación de que «en el pueblo en el que reinara un genuino espíritu comunitario, a toda gestión de los asuntos públicos le vendría la vida desde abajo, desde el pueblo mismo; a cada obra particular de formación popular y de servicio al pueblo se consagrarían sociedades vivas, unidas indisolublemente por la sagrada cadena de la amistad»4) , y cosas por el estilo. — Este es el sentido principal de la superficialidad que coloca la ciencia, en lugar de sobre el desarrollo del pensamiento y del concepto, sobre la percepción inmediata y la imaginación casual, y disuelve así, en la papilla del «corazón, la amistad y el entusiasmo», la rica articulación interna de lo ético que es el Estado, la arquitectónica de su racionalidad, que mediante la distinción determinada de las esferas de la vida pública y sus atribuciones y mediante el rigor de la medida en que se mantiene cada pilar, arco y contrafuerte, hace surgir la fuerza del todo de la armonía de sus miembros. Como según Epicuro el mundo en general no es así, ciertamente, pero según semejante representación así debería el mundo ético ser entregado a la contingencia subjetiva del opinar y del arbitrio. Con el sencillo remedio casero de fundar sobre el sentimiento lo que es, precisamente, obra de milenios de la razón y de su entendimiento, se ahorra desde luego todo el esfuerzo de la comprensión racional guiada por el concepto pensante. Mefistófeles, en Goethe —una buena autoridad—, dice al respecto algo que ya he citado en otra parte:

Desprecia tan solo el entendimiento y la ciencia,
las más altas facultades del hombre,
y así te habrás entregado al diablo
y tendrás que perecer.5)

3) *Sobre la superficialidad de su ciencia ya he dado testimonio en otro lugar; véase Ciencia de la Lógica (Núremberg, 1812), Introducción, p. XVII.

4) Jakob Friedrich Fries, 1773-1843 — como profesor de filosofía y matemáticas, predecesor de Hegel en Heidelberg — había pronunciado en 1817, en la Fiesta de Wartburg, un discurso, a raíz del cual fue temporalmente suspendido de su cátedra; véase «Feierrede des Prof. Fries an die Teutschen Burschen …», Oppositionsblatt oder Weimarische Zeitung, 1817, n.º 257.

5) «Desprecia tan solo la razón y la ciencia,
la más alta fuerza del hombre,

y aunque no se hubiera entregado al diablo,
igualmente tendría que perecer.»
Goethe, Fausto, primera parte, Gabinete de estudio, vv. 1851-52, 1866-67

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